Opinión

Paraíso

10 noviembre 2017 5:0
 
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Fiscal

Su mismo nombre revela su naturaleza: impuestos. De ahí que a la mayoría no le gusten, por forzosos; aunque si no fuera así, entonces los habríamos llamado “opcionales” y seguramente nadie los pagaría.

Los impuestos son casi tan antiguos como la humanidad. Se tienen registros de cobro de tributo en Mesopotamia, Egipto y Babilonia.

Incluso, después de una conquista, los asirios levantaban una estela de roca en la que informaban a sus nuevos súbditos acerca de sus obligaciones fiscales. Confucio, por ejemplo, fue inspector hacendario en China.

Recaudar de manera eficiente es un requisito indispensable para que una nación se desarrolle y prospere. Es una contribución general para reducir la desigualdad y proveer a la población de servicios públicos adecuados.

Sin embargo, también a lo largo de la historia le hemos tomado afecto a jugar con los sistemas impositivos de muchas maneras, y con ello generar otra afición: tratar de evadirlos.

Por ello, apenas este lunes, la primera respuesta de nuestro vetusto sistema político fue asegurar que depositar dinero en paraísos fiscales no es ilegal (lo que es cierto), a pesar de la dudosa legitimidad que tiene hacerlo.

Aportar de manera equilibrada un porcentaje de nuestros ingresos, en forma de impuestos, tiene el beneficio adicional de crear una idea de justicia, de piso parejo, y manda un mensaje de confianza a la sociedad. Exactamente todo lo contrario a lo que provoca abrir empresas fantasma en las Bermudas.

Luego de que los Papeles de Panamá surgieran, escuché varias explicaciones sobre los motivos que se tienen para acudir a esos paraísos donde, además del buen clima, la discreción es un valor agregado.

Una muy recurrente es que el sistema de impuestos mexicano es complejo, inestable, tasa a unos cuantos y, por si fuera poco, sufre permanentemente de corrupción, vía sus múltiples excepciones.
No lo dudo, menos cuando a partir del 1 de diciembre el Catálogo de Productos y Servicios del SAT permitirá facturar vehículos armados, granadas y hasta torpedos, entre otros elementos como los “parachoques”, que no son otra cosa que las salpicaderas de los autos.

Este año, al Sistema de Administración Tributaria le pareció conveniente copiar y pegar un catálogo internacional de la ONU para, supongo, fortalecer la impresión de que las disposiciones fiscales surgen más para presionar al contribuyente que para ayudarlo a cumplir con una obligación.

Cualquier sistema de reglas que se vuelve demasiado complejo da incentivos para tratar de evadirlo. Ya sea por ineptitud o burocracia, dificultar el pago de impuestos daña a cualquier nación, no sólo en sus posibilidades de contar con la infraestructura y los servicios que necesitan sus ciudadanos, sino en la credibilidad misma que las personas debemos tener en las instituciones. Y eso lleva a un país al infierno, nunca al paraíso. 

Twitter: @LuisWertman

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