Opinión

Paradoja de las reinas

 
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 [Sandra Ávila Beltrán cuenta con un proceso pendiente por operaciones con recursos de procedencia ilícita. / Cuartoscuro / Archivo]  

Aunque la recaptura de El Chapo Guzmán obviamente proporciona a la Presidencia un merecido espacio para maniobrar en un año electoral que pinta complicado para el PRI, el oxígeno que proporciona este “éxito” es pasajero y tiene que venir respaldado con una estrategia contundente para regresarle credibilidad al gobierno federal en materia de seguridad y economía.

Y muchas de las decisiones hechas alrededor de la recaptura de Joaquín Guzmán Loera seguramente tendrán con “el Jesús en la boca” al presidente y su gabinete de seguridad. Ante la forma en que se escapó El Chapo, ¿en verdad tienen la confianza de que éste u otro criminal no escapará de otra cárcel de alta seguridad? ¿Pueden asegurar la integridad física de este u otros criminales que incomodan al gobierno? ¿Confían en la fortaleza de la Policía Ministerial? ¿Ministerio Público y la rama judicial podrán enfrentar las propuestas de “plata o plomo” que seguramente surgirán haciendo aún más difícil que se le extradite a Estados Unidos o que enfrente un juicio en México?

Mientras más se posponga la extradición de El Chapo, más sorpresas pueden surgir, imprevistos que seguramente no serán favorables para el gobierno mexicano.

El problema es que un criminal de la estatura de El Chapo siempre es un reto para cualquier democracia. En el caso de México, con su sistema de justicia penal simple podría ser imposible procesarlo, especialmente este año en que México hará una de las transformaciones más importantes en la forma que se administra la justicia en este país. A mediados de 2016 se supone que todos los estados deberán implementar juicios orales. El desorden de la implementación de las reformas a nivel nacional obviamente favorecerá a los delincuentes.

Por estas razones y muchas más, junto con la recaptura de Joaquín El Chapo Guzmán el gobierno necesita desencadenar una serie de acciones que demuestren que sus intenciones son ir más allá de cruzar los dedos para que no se vuelva a escapar. Empezando por capturar a los actuales líderes del Cártel del Pacífico, además de perseguir funcionarios, empresarios y, sí, también actores que pudiesen estar coludidos con organizaciones criminales. Lo que es obvio y de conocimiento generalizado es que el problema del crimen organizado no sólo tiene que ver con la corrupción de funcionarios, también hay personajes en la sociedad que aceptan y se coluden con estos criminales.

Por eso, aunque algunos dirían que perseguir con todas las de la ley a Kate del Castillo y Sean Penn es injusto, parecería que su locura de reunirse con El Chapo podría haber contribuido a su captura.

Hay que perseguir a estos dos, si es que en verdad hay evidencia de que cometieron delitos. El de la actriz Kate del Castillo es todo un caso, ya que en Estados Unidos no se requiere de una transacción que implique la participación de una institución financiera; con el simple hecho de pasar dinero de una persona a otra con la intención de ocultar su origen, propiedad o control, se considera lavado.

Lo fascinante es que en la serie La Reina del Sur el personaje que representó Kate del Castillo, la protagonista Teresa Mendoza, culmina su carrera criminal embarazada disfrutando de su libertad en paz y feliz. Pero la real Reina del Pacífico, Sandra Ávila Beltrán, vinculada al narcotráfico desde los noventa, fue detenida en 2007, acusada de delitos contra la salud, delincuencia organizada y lavado de dinero, aunque sólo pudieron consignarla por portación de arma de fuego.

Ella sí fue amiga de Joaquín El Chapo Guzmán e Ismael El Mayo Zambada. Fue extraditada a Estados Unidos en agosto de 2012 para enfrentar un juicio por tráfico de cocaína. Fue declarada culpable un año después por un tribunal por asistencia económica a un narco convicto y fue condenada a 70 meses en prisión.

Sandra Ávila Beltrán fue repatriada a México, liberada el 7 de febrero de 2015 después de cumplir cinco años en su última condena en México.

En total estuvo en las cárceles un periodo de siete años y cuatro meses.

No sería irónico que La Reina del Sur ficticia enfrentara más años de prisión que La Reina del Pacífico real. La paradoja de las reinas.

Twitter: @Amsalazar

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