Opinión

Para un estado en llamas,
ratifican al “menos peor”

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Rogelio Ortega

Faltan 180 días, exactamente, para que en Guerrero haya un nuevo gobernador. Quien gane las elecciones del 7 de junio tomará posesión el 27 de octubre. Cualquier cosa que ocurra en suelo guerrerense hasta esa fecha, en largos seis meses, quedará en manos de Rogelio Ortega, un académico cuyas credenciales luego de medio año en la política sólo le alcanzaron para ser definido como “el menos peor”.

Rogelio Ortega logró quedarse con el hueso. A finales de la semana pasada, dentro y fuera del Partido de la Revolución Democrática, sus posibilidades de seguir en el cargo de gobernador de Guerrero eran vistas como remotas. Pero Los Chuchos, en diálogo con el gobierno federal, cayeron en cuenta de que ratificar a Ortega resultaría el menor de los males.

Los razonamientos que le dieron oxígeno a Ortega fueron los siguientes, de acuerdo con una fuente del PRD que pidió no ser identificada: “la bronca era a quién ponemos y qué precio vamos a pagar. Se vio que el estado está relativamente tranquilo. Que ahí la lleva. Y se dijo: si ahorita le metemos un cambio va a ser empezar de nuevo la negociación con todos los grupos. Para qué le metemos más ruido”.

El caótico proceso para ratificar al hoy gobernador sustituto, que completará el periodo que originalmente correspondía a Ángel Aguirre, ayuda a entender la debilidad del gobernante ratificado: hubo denuncias periodísticas de que se ofrecieron “apoyos” a varios diputados a cambio de los votos, y se tuvo que alinear incluso a los del PVEM, que lograron posponer la votación al reclamar que ellos no son diputados de segunda (el chiste se cuenta solo).

Pero a final de cuentas la decisión sobre quién ocuparía la silla de gobernador de Guerrero se tomó desde la ciudad de México, pues fueron el gobierno federal y la dirigencia nacional del PRD los que plancharon el acuerdo que logró la ratificación de Ortega.

“Sí hubo diputados que pidieron dádivas a cambio del voto, pero finalmente aceptaron que lo mejor era eso, ratificar a Rogelio Ortega”, reconoció la fuente. “El senador Sofío Ramírez, que se la pasó ofreciendo a los diputados las perlas de la virgen para que lo apoyaran a él, era inviable para Los Pinos. Aunque algunos de los priistas locales estaban a favor de Sofío, en la lógica de que la llegada de este senador podría usarse para golpeteo electoral, para decir a la ciudadanía: ven, los perredistas ya perdonaron a Aguirre, tan es así que el que quedó fue Sofío”.

Según la fuente, lo que se impuso fue el “apretón de huesos” por parte de la dirigencia nacional del PRD para alinear a aquellos que tenían la intención de no dejar pasar a Ortega.

La imagen de que el hoy gobernador sustituto tuvo que esperar el lunes nueve horas en un restaurante antes de ser ratificado pinta de manera puntual su mínimo margen de acción. Su inoperancia, como lo describió la fuente perredista.

Mientras todo lo anterior pasaba, Guerrero era sacudido por protestas de la CETEG y de normalistas –que vandalizaron la sede del Congreso en Chilpancingo– y por una nueva ola de crímenes. “La narcoviolencia en el estado, incontenible; hubo ayer 10 ejecutados”, titulaba este miércoles El sur de Acapulco.

Faltan 180 días para que Guerrero tenga un gobernador con legitimidad real, no sólo formal. Mientras, Ortega “ahí la lleva”. Al “menos peor” le encargaron que cuide seis meses a un estado con regiones enteras en llamas. Qué largo medio año espera a los guerrerenses.

Twitter: @SalCamarena

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