Opinión

Para fundamentar el optimismo

 
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Tokio fue la ciudad con mayor población según un informe de Naciones Unidas. (Bloomberg)

Le referí en este espacio hace algunos días el texto de The Economist sobre “The two Mexicos”.

Le recordaba la cita del exprimer ministro británico Gordon Brown, quien dice que: “en el establecimiento del Estado de derecho los primeros cinco siglos son los más difíciles”.

La ironía de Brown es muy clara. Obviamente hace sólo una metáfora en la que pretende subrayar que procesos como la construcción del Estado de derecho son de muy largo plazo.

Y lo mismo vale para la construcción de una economía próspera o para la derrota de la pobreza.

Las escalas que requieren estos procesos trascienden periodos de gobierno y en algunas ocasiones incluso generaciones.

Pero la mayor parte de las decisiones de política pública se toman pensando en los plazos de los gobiernos, de ocho, seis o cuatro años, en la mayor parte de los casos.

Esa es la gran paradoja y la dificultad.

Cuando se mira hacia atrás con otra perspectiva, sin embargo, se perciben trazos de lo que han sido en nuestro país esos proyectos de largo plazo.

Por ejemplo, la industrialización y urbanización.

Durante un periodo que va de mediados de los años 40 y hasta 1970, el país experimentó este intenso proceso. Cambió la composición de la población y la estructura de la economía.

Las instituciones del país siguieron con muchísimas deficiencias, pero esos 25 a 30 años modificaron radicalmente su perfil, mayormente para bien.

Le cuento otro proceso.

En 1988 tuvimos un proceso electoral que generó gran controversia. Teníamos instituciones electorales que dependían directamente del gobierno.

Doce años más tarde se tuvo la primera alternancia en el gobierno federal con el triunfo de Vicente Fox.

En el camino se construyó el IFE, que luego se convirtió en el INE y con él surgió un conjunto de leyes electorales, que tienen aún muchas deficiencias, pero que nada se parecen hoy a las que teníamos hace apenas tres décadas. Cambiaron mayormente para bien.

Le cuento de otro cambio. En 1994, surgió una crisis económica detonada por la devaluación del peso frente al dólar en un contexto en el que no teníamos idea de lo que pasaba con las reservas internacionales del país.

Allá en los últimos meses de aquel año fatídico tratábamos de adivinar cómo estaban las reservas y en qué medida había una amenaza a la paridad casi fija que teníamos. Hoy conocemos con todo detalle cómo evolucionan las reservas casi por días o por horas y cómo se toman las decisiones de política cambiaria.

Apenas un par de décadas después hay un conjunto de cambios profundos, para bien.

En la medida que realizamos una revisión que trasciende el corto plazo y que va hacia los cambios más profundos que se han experimentado en México, observamos la evolución de un conjunto de arreglos e instituciones que apuntan hacia la construcción de un país más moderno, democrático y justo, independientemente o incluso a pesar de la clase política.

Por eso, más allá de los vaivenes que el entorno internacional nos trae, y de los altibajos del ánimo nacional, la perspectiva del país permite el optimismo para el mediano plazo.

¿No lo cree así?

Twitter: @E_Q_

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