Opinión

Para entender lo que viene

Demos por seguro que en su último año de gobierno, Enrique Peña no enjugará lágrimas ni se autorreprochará no haber hecho gran cosa por los pobres como lo hizo López Portillo; tampoco se llenará de naderías como lo hizo Fox cuando reconoció su frustración al carecer de facultades para ser el detonante del desarrollo y, por supuesto, no dirá que los partidos de oposición no lo dejaron instrumentar las reformas necesarias como recientemente lo ha dicho Felipe Calderón.

Hay analistas que han escrito que el actual presidente pudiera tener la tentación de “nadar de muertito” los próximos cuatro años porque lo sustantivo está hecho y un sitial en la historia mexicana ya lo está aguardando. No sólo es un exceso en la percepción, pensarlo es una desproporción no exenta de gratuidad en el elogio implícito.

Lo que esperamos los mexicanos es la creación de una visión del porvenir que dé la verdadera perspectiva a un proyecto movilizador. La política se reduce con demasiada frecuencia a la táctica y al corto plazo. Lo que hoy necesitamos es conocer las estrategias instrumentadoras a mediano y largo plazos. No se hace funcionar la maquinaria gubernamental sólo para impulsar su acción al ritmo de la anualidad presupuestaria. Resta mucho por hacer para obtener la adhesión entusiasta para que la voluntad de transformación social, asuma el vigor en la metamorfosis que el país necesita.

No podemos esperar realizaciones sin que el gobierno se haga comprender y eso no se logra sin coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos. Los mexicanos tenemos necesidad de esperanza y no sólo de realismo, y también tenemos necesidad de que esa esperanza esté sólidamente anclada en la realidad. No está de más citar a Michel Rocard cuando señala que “los aviones no vuelan porque los hombres hayan aprendido a liberarse de la ley de gravedad, sino porque han aprendido a calcularla”.

¿Qué necesita nuestra sociedad?

Necesita flexibilidad para no estallar bajo el peso de nuestras rigideces y urge solventar el proceso de reivindicación de la mayoría para no extender nuestras desigualdades. Y todo ello sin descuidar la lucha contra la corrupción y la inseguridad que todavía priva en diversos centros neurálgicos.

Lo que está en juego en estos próximos años es saber si podemos realizar la modernidad de la sociedad y mantener su cohesión; responder tanto a las necesidades de movilidad como a las de justicia, alimentación y salud para hacer ganar grados decisivos en el bienestar de los mexicanos.

La transformación en que están empeñados Enrique Peña y su gobierno, es hoy apremiante y de un gran calado, pues no aspira a remediar nuestras carencias como si se tratara de remendar baches; no, lo que se ha hecho, así se verá en el futuro, no es sólo reformar entuertos, debemos verlo como la oportunidad que todos tenemos de modificar nuestras vidas, pues supone una revolución en nuestras mentalidades.

Esa debiera ser la aspiración gubernamental, pero sobre todo, de nosotros los ciudadanos. Ningún gobierno, hoy o mañana, podrá ignorar este desafío.

Twitter: @RaulCremoux

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