Opinión

Para buenos aficionados


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Toros

Sin los grandes reflectores de las corridas de toros que aglomeran a más público que aficionados, el pasado domingo en la Plaza México se dio uno de los carteles más interesantes de la Temporada Grande.

Federico Pizarro, torero capitalino cuya madurez y oficio lo hacen un atractivo para los aficionados a los toros; Diego Urdiales, riojano que sustituyó a José Mari Manzanares, ganándose la repetición gracias a la gran faena del domingo 15 de noviembre y a la pureza de su toreo; y El Payo, quien desde mi punto de vista es uno de los mejores toreros que tiene este país, cuyo concepto, elegancia y profundidad marcan diferencias que muchos no quieren o no saben ver, lidiaron una corrida bien presentada, del hierro queretano de Barralva. Cinco ejemplares del encaste Llaguno y uno del encaste Atanasio. La presentación del encierro fue correcta, toros bien comidos, serios y en la variedad de su juego estribó lo interesante del festejo.

Algo que en verdad me preocupa y por momentos llega incluso a fastidiarme es el tremendo malinchismo que tenemos en este país y muy en concreto en los toros. Bastaron fotos mal intencionadas de bureles en los corrales para que en redes sociales se propagara como pólvora que el domingo habría fraude. Sorpresa, saltaron al ruedo seis toros con el trapío obtenido por la edad de pastar en un campo que no permite el desarrollo voluminoso del campo bravo español.

La tarde no tuvo desperdicio. Una pena fue que tan atractivo cartel no tuviese la convocatoria de acuerdo a la calidad de los toreros programados, pero es entendible que son muchos años de desamor entre la empresa de La México y el público al que no le han sabido dar lo que lleva mucho tiempo pidiendo. Esto parece que va cambiando, la inclusión de Pablo Álvarez en la administración de la empresa comienza a dar frutos; para muestra la programación de 23 festejos ya cambiaron el sentir y el aficionado está dispuesto a regresar a los tendidos a disfrutar de esta pasión, siempre y cuando las cosas se enfilen hacía la seriedad de la fiesta que estos tiempos exigen.

El tema es que no es la misma afición, los aficionados tradicionales cuentan con una gran virtud: el respeto. Por eso en otras épocas la pasión afloraba con mayor intensidad y regularidad, porque había respeto. Hoy en día las redes sociales juegan un papel importante en nuestra sociedad, pero también pueden ser un arma en manos de un niño. La responsabilidad de opinar muchas veces no acompaña la responsabilidad del respeto; no me refiero al nivel de conocimiento taurino, no se necesita ser un sabio del toreo para poder opinar, lo que se necesita es saber respetar para poder llegar a conocer este maravilloso mundo, donde el conocimiento está ahí, digamos como en la nube (si hablamos en términos tecnológicos), sólo hay que entender cómo acceder y tener la capacidad de asimilar y formar un criterio, que basado en el respeto facilitará el aprendizaje y por ende el disfrute de la fiesta.

La tarde fue intensa, llena de matices que generaron diversas opiniones y sensaciones, todas alrededor del vasto concepto de la bravura. No ve igual el ganadero a un toro que el torero. Muchas veces el torero logra que los toros se comporten de cierta forma y muchas veces los toreros desarrollan la faena respondiendo a lo que los toros hacen. Este puede ser un punto clave en la forma de ver y entender la lidia. Hay toros que mejoran con base en cómo se les torea y hay toros cuyo comportamiento rebasa al torero. Esto forma parte del grandioso arte del toreo. Todos lo vemos de forma personal, sentimos y apreciamos distinto un mismo instante, por eso al hablar de toros es muy importante saber escuchar y saber decir, aportando, no destruyendo.

La corrida la vi desde el tendido, rodeado de taurinos de cepa, ganaderos y aficionados cuya pasión por este arte ha sido ya motivo de tinta en este espacio. Opiniones agudas y muchas veces encontradas en concepto pero no en fondo. La bravura fue el tema principal y sus distintos matices.

Por la noche, el domingo, después de entrevistar para Toros, Sol y Sombra, de Canal Once, a Diego Urdiales, al ganadero y a El Payo, pude hablar con ellos, más bien escucharles. Qué riqueza de conceptos y qué diversidad de puntos de vista sobre una tarde en la que los tres brillaron, donde los toros se movieron y dieron opciones.

La fiesta tiene argumentos suficientes para seguir emocionando a los aficionados, generando economía y cimentando una de las más ricas tradiciones que tiene México. Debemos ser capaces de difundirla con conocimiento basado en el respeto, este último valor social que en el mundo está casi extinto y que los taurinos debemos ejercer como norma.

Twitter: @rafaelcue

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