Opinión

Paquete Económico

    
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Economía

El jueves se entregó el Paquete Económico a la Cámara de Diputados, el mismo día en que finalmente se instaló la directiva de ese órgano, que también fue el de inicio del proceso electoral, y que, desafortunadamente, fue cuando tuvimos el terremoto más fuerte en décadas.

Sin duda este último tema es el más importante, porque hubo un centenar de muertos, y destrucción en una amplia zona en Oaxaca y Chiapas. Al respecto, nos toca aportar recursos financieros o en especie para que puedan recuperarse lo más pronto posible, pero vale la pena insistir en que la ayuda llegue a todas partes.

Para esta columna, el tema del Paquete Económico es más propio, ya que hemos comentado en las últimas semanas acerca del panorama electoral y del conflicto que detuvo la instalación de la directiva de Cámara de Diputados por unos días.

Lo más importante del Paquete es la información de la deuda. Durante 2016 habíamos superado ya el 50 por ciento del PIB en la medición más amplia de obligaciones del Estado, que es el saldo histórico de requerimientos fiscales del sector público. Gracias a las 'ganancias' del Banco de México, producto de la depreciación del peso en 2016 y su apreciación al inicio de 2017, ese saldo pudo reducirse. Sin embargo, no debe menospreciarse el esfuerzo del gobierno federal por evitar el déficit. La combinación de las dos medidas nos permite tener una presión de deuda inferior para 2018.

Sin embargo, lograr esto ha implicado reducir continuamente la inversión pública, porque el resto de los renglones de gasto es muy difícil de modificar. Hay que recordar que el gobierno federal apenas gasta 25 centavos de cada peso del sector público, y el resto se divide entre entidades federativas y empresas públicas. Aunque el creciente esfuerzo social por enfrentar la corrupción ha hecho evidente el desvío de cantidades importantes de recursos, es también cierto que no alcanza el dinero para todas las obligaciones que le hemos cargado al gobierno. Yo sé que éste es un tema que no es fácil de aceptar para muchos, que creen que acabando con la corrupción todo se resolvería, pero no es así.

Hasta 2012, México fue, prácticamente hablando, el país con menor recaudación fiscal del mundo. A pesar de que somos la economía 11 del mundo (en dólares PPP, en dólares corrientes somos la número 15), todavía hoy pagamos impuestos como si fuésemos la 130. El 2016, que fue récord en recaudación, cerró con 14 puntos del PIB en impuestos, que está muy lejos del 30 por ciento del PIB que deberíamos gastar, en consonancia con lo que hacen todos los países desarrollados y de ingreso medio del planeta.

Como no se recauda tanto, y muchos gastos no pueden eliminarse (pensiones, salarios, servicios médicos), entonces todo el ajuste se ha hecho en la inversión pública, que no llega siquiera a cuatro puntos del PIB, y entiendo que es la más baja en la historia. Eso puede soportarse por poco tiempo, y será necesario tomar decisiones acerca del tema muy pronto.

Sin embargo, nadie espera que en el año de elección presidencial se haga una reforma fiscal, o se arriesgue la estabilidad macroeconómica. En ese sentido, el Paquete presentado está dentro de lo razonable. Es simplemente aguantar un año más, para que el gobierno entrante sea el que le proponga a la ciudadanía una solución: o le quitamos obligaciones al gobierno, o pagamos más impuestos. Pero, como le digo, eso lo decidiremos después.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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