Opinión

Pactos de Mentiras

 
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La encarnizada lucha política que se da en la capital del país entre Morena y PRD no cesará ni con pactos de civilidad, ni mucho menos con la presencia policiaca en los mítines y actos de proselitismo, toda vez que ninguna de esas dos fuerzas políticas cesará en su empeño, por las buenas o por las malas, de quedarse con la Jefatura de Gobierno, las 16 alcaldías y la mayoría en el Congreso local.

Ante el inminente riesgo de que el partido del sol azteca pierda la elección, luego de más de 20 años en el poder, Miguel Ángel Mancera y sus huestes se aprestan a cerrar filas en torno al ganador de la elección interna, en donde Armando Ahued, Salomón Chertorivski y Alejandra Barrales disputan palmo a palmo el territorio capitalino.

Sin embargo, sus posibilidades de éxito en la elección del 1 de julio son limitadas y no porque Claudia Sheinbaum sea una gran candidata, sino porque se acabó la luna de miel entre los capitalinos y el PRD, además de que AMLO mantiene niveles de aceptación sobresalientes.

Claro, para los comicios faltan seis meses y en este lapso se pueden cambiar las preferencias. Sin embargo, el desgaste que ha tenido el PRD al gobernar durante dos décadas le cobrará la factura debido, principalmente, a que no han tenido la capacidad para revertir los acuciantes problemas por los que cotidianamente transitan los capitalinos, principalmente con los que tienen que ver con la inseguridad, los servicios e infraestructura urbana, movilidad, así como la corrupción e impunidad que prevalecen en las delegaciones y áreas centrales de gobierno.

Así que, estimado lector, no crea que con el pacto de civilidad que se firmará hoy entre todos los partidos políticos a excepción, claro está, de Morena, PT y el PES, se terminarán los enfrentamientos. Al contrario, con el paso de las semanas se recrudecerán ya que los mismos candidatos y dirigentes de partidos se dedicarán a exacerbar más el ánimo de la población, a dividirlos y polarizarlos.

Y esto no sólo será en la CDMX, sino en todo el país, ya que la irresponsabilidad de Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Anaya, principalmente, y la insensibilidad del gobierno de la República, ahondarán más las diferencias entre los mexicanos.

Así, ante las amenazas externas que enfrenta nuestro país se sumarán las internas, provocadas por los discursos incendiarios y la difusión de toda clase de eventos que buscará denigrar y aniquilar a los contendientes durante las campañas políticas.

Más que un pacto de civilidad en la capital del país, se requiere un pacto de legalidad por México entre los candidatos que van por la Presidencia de la República; empero, hay que reconocer que por más pactos que se signen, la verdad es que al final de cuentas no servirán para nada, son de mentiras, toda vez que el nivel ético y compromiso moral que tienen los principales protagonistas, como AMLO y Ricardo Anaya, deja mucho que desear.

O qué podemos esperar de un tipo que a pesar de que se ha comprometido a respetar el resultado de las elecciones, ha hecho todo lo contrario, al grado tal de poner en riesgo la paz social; y bueno, qué decir de Ricardo Anaya que en eso de respetar su palabra y mantenerse en los límites de la decencia, no se le da.

El 2018 no sólo será recordado por los intentos de Donald Trump de doblegar a los mexicanos, sino también por la irresponsabilidad de los políticos nacionales que, obsesionados por el poder, dejarán a un lado las causas supremas de la nación. Nadie ha mostrado esa altura de miras que se requiere para sortear este año, que augura ser el más convulso de los últimos lustros.

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