La posibilidad de la derrota acecha a López Obrador
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La posibilidad de la derrota acecha a López Obrador

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La posibilidad de la derrota acecha a López Obrador

22/06/2018
Actualización 22/06/2018 - 11:35

Cuando dos de las más importantes publicaciones del mundo, The Washington Post y The Economist, fuera de toda sospecha de ser influidas por el gobierno mexicano, nos advierten en su editorial institucional que elegir a AMLO equivale a elegir a Trump por su populismo e ignorancia, las cosas cambian.

Es cierto que el periódico estadounidense y la revista británica no llegan a La Frailesca ni al Cañón de Juchipila, pero dan una señal de alerta muy grande como para pasar desapercibida en el ánimo nacional.

Lo que en el fondo nos dicen es: cuidado mexicanos, ya pónganse serios porque lo que van a decidir no es broma, y comparan a López Obrador con Hugo Chávez y la catástrofe venezolana.

No dicen cuál es la alternativa a la locura de votar por López Obrador, pero no es necesario dar su nombre pues todos sabemos cuál de los dos –Anaya o Meade– tiene la preparación más sólida para conducir al país en los tiempos extremadamente complejos que ya empezaron, y quién tiene la estructura territorial para vencer el día de la elección.

Que cada quien responda con una mano en el corazón y vote en consecuencia.

The Economist apunta: “Lo que está a punto de suceder en México se parece a la elección de Donald Trump en Estados Unidos, el voto de Gran Bretaña para dejar la Unión Europea y el giro de Italia hacia el populismo”.

Retoma la revista las comparaciones que se hacen entre Chávez y López Obrador, “cuya revolución bolivariana ha traído la ruina a Venezuela”, y subraya rasgos peligrosos en la biografía de AMLO, como su llamado a no pagar las facturas de electricidad en Tabasco (hoy la deuda asciende a once mil millones de pesos a CFE).

Según The Economist, AMLO “tiene poca idea de cómo funciona una economía o una democracia moderna”.

Dice textualmente, en referencia a la locura que podríamos cometer en México:

“Los líderes carismáticos que se montan contra los resentimientos contra el poder son casi siempre falsos profetas, quienes prometen seguridad y prosperidad… El peligro que representan en las nuevas democracias es mayor al que representan en los países donde la democracia está más profundamente enraizada”.

El editorial institucional de The Washington Post de este lunes expone que “por ahora muchos mexicanos están menos preocupados por las malas relaciones con Estados Unidos que por la posibilidad que López Obrador pueda llevar al país de vuelta a las políticas estatistas fallidas de la década de 1970, o peor, al catastrófico socialismo del siglo XXI de Venezuela”.

Remata: “Si los mexicanos eligen a López Obrador, estarán, como los votantes que respaldaron a Trump, explotando el statu quo sin un sentido confiable de lo que lo reemplazará. Es probable que el resultado sea un mayor problema en ambos lados de la frontera”.

El título del editorial del Post tiene un acierto y un error: “El futuro presidente de México se parece mucho a Trump. Eso no quiere decir que se llevarán bien”.

Ante la abrumadora carga argumentativa de esas dos publicaciones de influencia mundial y ajenas a nuestras rencillas internas, ¿de veras vamos a cometer la locura de elegir a un Trump en México?

Tengo la impresión de que la respuesta es no.

Hay señales demasiado grandes como para no entender que nos podemos meter en un hoyo económico, político y social, del que no saldremos en décadas.

Las encuestas son importantes y reflejan un estado de ánimo al momento de contestar las preguntas del encuestador.

Pero otra cosa es estar frente a la boleta electoral, en la soledad de la casilla, y cruzar a conciencia el porvenir de la nación.

México es un país demasiado grande en todos los sentidos.

Tiene más historia y cultura que Estados Unidos. No beberá la cicuta.

Y si para evitarlo debe perder el candidato puntero en las encuestas, va a perder.

La elección puede ser una espectacular y agradable sorpresa.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.