Opinión

Orgasmos por el
gabinete gringo

 
 
 

 

Trump

Se está dando un seguimiento inusual en México a los nombramientos que ha hecho Donald Trump estos días. Pareciera que el gabinete del próximo gobierno republicano fuera el elemento indispensable para descifrar el futuro de lo que ocurrirá en nuestro país. Se han seguido, por ejemplo, los nombramientos de Betsy DeVos como secretaria de educación; de Wilbur Ross como próximo secretario de comercio; y hasta de Ben Carson como secretario de vivienda.

Flota en el terreno del análisis mexicano una especie de ‘esperanza’ de que los miembros del gabinete de Trump no estarán tan zafados como él; que lo ayudarán a moderarse; y que lo conminarán a refrendar el libre comercio que sostiene con México, para no desmembrar las cadenas productivas binacionales ni los beneficios del TLCAN.

Pero eso es una falacia. Quien desee llegar al orgasmo analítico pronosticando las buenas intenciones hacia México que pudiera tener tal o cual miembro del futuro gabinete, muy probablemente se desilusione.

Lo que sabemos con certeza es que Trump no quiere a México y que a la fecha no ha realizado declaraciones explícitas sobre el alcance y profundidad de la renegociación que busca del TLCAN. Apostar a que un secretario de comercio estadounidense será ‘buena onda’ con nuestro país, desoyendo las órdenes de su jefe, es una quimera.

Esta es la nueva realidad. No nos sorprendamos entonces si el famoso ‘grupo de alto nivel’ entre México y Estados Unidos —establecido por los presidentes Peña Nieto y Obama, y por el cual ha visitado México el vicepresidente Joseph Biden y la actual secretaria de comercio Penny Pritzker—, simplemente se desvanece en menos de ocho semanas.

El reto de Trump para México es descomunal. Seamos realistas. El TPP ya no ocurrirá, y los tratados comerciales bilaterales (con países como Brunei, Vietnam o Malasia) no suplirán el descalabro comercial que se avecina. Que el dólar se venda a 21 pesos como ocurrió ayer es un reflejo de la creciente magnitud del desafío.

Quizá ha llegado la hora de que el presidente Peña Nieto, Alejandro Ramírez o algún empresario de peso lancen una gran convocatoria para formar un grupo apartidista no gubernamental de pensadores, creativos, académicos y jóvenes mexicanos, para retarlos a inventar, por ejemplo, cien soluciones radicales para el futuro de México.

Trump está siendo radical con nosotros. Más nos vale inventar nuestro futuro. ¿Es momento de intercambiar un pedazo de territorio nacional con China? ¿De llegar a un acuerdo migratorio con Europa? ¿De construir el canal del istmo? Alguien tiene que lanzar apuestas radicales en este entorno. Esperar la compasión de un miembro del gabinete de Trump sería un desacierto mayúsculo.

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