Opinión

Ola de protestas contra la Teocracia de Irán

 
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Protestas en Irán. (AP)

El 28 de diciembre pasado se registraron las primeras protestas de la población iraní en la ciudad de Mashad, al noroeste de Irán, la segunda más grande del país (2.8 millones de habitantes) a 850 km de Teherán, la capital, conocida como sitio de peregrinación. A la fecha de la elaboración de este artículo, 5 de enero del 2018, habían muerto 29 personas y más de 1,000 habían sido arrestadas; las manifestaciones se han extendido a otras ciudades como Teherán, Shiraz, Rasht, Quom, Hamedan, Ahvaz, Isfahan, Zehedan, Qazvin y Sari. De acuerdo a diferentes analistas las dimensiones de las protestas no tienen precedente en las casi cuatro décadas de existencia de la República Islámica (1979), cuando los ayatolas derrocaron a la dinastía Pahalevi, bajo el Sha Mohammad Reza Pahalevi que tenía el apoyo de EU y el Reino Unido.

El 90.0% de los participantes son jóvenes menores de 25 años, segmento en el que se experimenta la mayor tasa de desempleo 30.0%, frente a la media nacional de 13.0%; un gran número de ellos son estudiantes que intentan hacer llegar a las autoridades su descontento, no solo por la crisis económica que vive el país por la caída de los precios del petróleo y las sanciones que Occidente impuso a Irán por el desarrollo de su programa nuclear con fines militares, también por los problemas estructurales no resueltos que han acentuado la pobreza (50.0% de la población vive en esta condición) y por el limitado ingreso per cápita, 4,552 euros, que no permite cubrir los satisfactores básicos de la gente, el elevado nivel de desempleo, la corrupción rampante, y el no respeto de los derechos humanos por parte de un régimen tiránico e intolerante de el extremismo chií de los ayatolas que han difundido el terror con severas penas.

En este ámbito, de acuerdo con datos de Amnistía Internacional hasta julio de 2017, el gobierno iraní realizó 319 ejecuciones por medio de la horca, 183 por delitos de drogas. En 2016 fueron al menos 567. Así, al principio de las protestas predominaron las demandas económicas, luego se sumaron otros grupos que comenzaron a cuestionar la legitimidad del sistema islámico; “las manifestaciones son la señal del fracaso del sistema para unificar y acercar la fe a los diferentes sectores al extremismo religioso chií”. Está claro que el régimen islámico enfrenta una crisis de legitimidad desde hace tiempo por su ineficaz desempeño y por su autoritarismo; el problema principal de Irán está en su política interior y no en los conflictos que se libran en todo el Medio Oriente.

Se critica que el gobierno haya dedicado miles de millones de dólares a intervenciones militares en Siria y Yemen, como parte del intento de reforzar la posición de la República Islámica y disputar la hegemonía regional a Arabia Saudita que ha tenido una grave incidencia en las finanzas públicas de Irán.

Se considera una falta de visión que el gobierno no haya diversificado su petrolizada economía aprovechado el alto nivel de precios del crudo, más de 100 dólares por barril, antes de su precipitosa caída. El grueso de divisas de Irán provienen de la exportación de hidrocarburos y el 85.0% de los ingresos del gobierno también dependen, de la producción y exportación de hidrocarburos, petróleo y gas. Cabe destacar que Irán posee el segundo lugar mundial en reservas de gas después de la Federación Rusa.

La pronunciada baja de los precios del petróleo y el de las propiedades provocaron, junto con las sanciones de Occidente, la parálisis del sistema bancario y el estancamiento de la inversión.

Con el levantamiento de las sanciones a raíz del acuerdo nuclear que Irán signó con Occidente en julio del 2015 para limitar su programa nuclear, ha estado recibiendo 100 mil millones de dólares que le han permitido retomar sus actividades terroristas, seguir su programa nuclear, que en un futuro próximo le dará capacidad para producir armas nucleares, al igual que reforzar su hegemonía en el Medio Oriente.

El movimiento ciudadano que está llevando a cabo las manifestaciones en Irán, difícilmente debilitará al régimen teocrático prevaleciente, en virtud de que está desarmado, desorganizado y sin liderazgo; existen varios grupos que participan en las protestas sin objetivos comunes. Empero, gracias a la tecnología, están hallando el camino para en el largo plazo se concrete un cambio social en Irán; las manifestaciones recientes son un claro aviso de que la impunidad del régimen de las ayatolas no es eterna.

La revolución verde del 2009 fue contra el fraude electoral que impuso, a Mahmud Ahmadineyad (2005 a 2003) y, en apoyo, al candidato presidencial de la oposición, Mir Hosein Masavi, que uso el color verde en su campaña. El ayatola Jameneí declaró la victoria como divina, fue un golpe de Estado dentro del propio Estado. Con la represión gubernamental en el 2009 que provocó más de 50 muertos y 4000 detenidos, el gobierno se volvió más represivo con lo cual pudo sortear las presiones internas. El cuerpo de los Guardianes de la Revolución y la milicia Basy, están organizados y bien armados y son los mejores entrenados en la actividad represiva. Son un cuerpo de elite independiente del Ejército creado con la revolución del ayatola Jameneí con la misión principal de proteger el sistema y los valores islámicos.

En la revolución del 2009 se estima que entre 2 y tres millones de personas protestaron masivamente en Teherán; en ese año un millón tenían teléfonos inteligentes, hoy día lo poseen 48 millones de personas. Los iraníes con las tecnologías de la información y comunicación (TIC) tienen una mejor comprensión de lo que pasa en el mundo y de cómo vive la gente fuera de Irán. De aquí que el gobierno bloqueara el acceso a Instagram y a la aplicación de mensajería Telegram, utilizada por los activistas para organizarse; varios usuarios de redes sociales afirmaron que han recibido mensajes de oficinas provinciales de los servicios secretos en los que se les amenaza contra la participación en las manifestaciones.

Igualmente, el gobierno organizó manifestaciones en varias ciudades en las que se ondearon banderas iraníes y carteles a favor del presidente Hassan Rouhani, un político moderado que no cuenta con el apoyo de los ultraconservadores ni de los reformistas, y que está controlado por el Líder Supremo de Irán, el ayatola Jameneí.

Por otra parte, desplegó el pasado 3 de enero a la Guardia de la Revolución a las provincias más afectadas por las revueltas: Isfahan, Lorestan y Hamadan, con el fin de hacer frente a “la sedición”. El general Mohamad Ali Jafari, en línea con las declaraciones de los dirigentes del gobierno, culpó a EU, Israel y Arabia Saudita de infiltrar mercenarios para alentar las protestas Jafari ha acusado de forma tácita a Ahmadineyad de estar detrás de las protestas. Al mismo tiempo el presidente del Tribunal Revolucionario de Teherán, Musa Ghazanfarabadí, amenazó a los más de mil arrestados sentenciados con la pena capital, porque “atentaron contra la seguridad nacional y se están enemistando con Dios”.

“Cada día que pase a las personas detenidas aumentarán sus crímenes y castigos y nosotros ya no los consideramos manifestantes por sus derechos sino que quieren perjudicar al régimen”. El presidente Hasán Rohaní, aseguró que los enemigos de la república islámica no toleraron el progreso del país ni su éxito en el acuerdo nuclear y por ello animaron a la gente a manifestarse, pero advirtió que “aplastará” a la minoría que está provocando los disturbios.

Nuestro progreso para ellos es intolerable, nuestro éxito en el mundo de la política ante Estados Unidos y el régimen sionista (en referencia a Israel) fue intolerable para ellos”, dijo Rohaní en un encuentro con los presidentes de las comisiones parlamentarias. El mandatario se refirió a Estados Unidos e Israel, pero hizo hincapié en Arabia Saudita, enemigo de Teherán en la región. “Nuestro éxito en la región ha sido insoportables para ellos” Ali Shamika Secretario del Consejo de Seguridad Nacional, acusó directamente a Arabia Saudita de “orquestar una guerra de intermediación contra Irán” y advirtió a Riad que conducirán a una reacción contundente de Irán.

Por otro lado los medios reformistas han preferido mantener silencio y en ocasiones han defendido las políticas de Rohaní en vez de tratar de analizar las causas de las protestas, decepcionando a los sectores que se crearon ciertas expectativas de cambio al reelegir a Rohaní en mayo de 2017.

Hossein Shariatmandarí, director del ultraconservador diario Kayhan y uno de los portavoces extraoficiales de los sectores más próximos a la Casa de Líder, ayatolá Alí Jameneí, ha manifestado –refiriéndose a los manifestantes- que “ellos son los esbirros del Estado Islámico (EI)”.

El Presidente Trump, a diferencia de Obama, que en 2009 se negó a apoyar al pueblo iraní, se ha subido al carro y ha declarado que respalda por completo a los disidentes iraníes. Informó que proporcionará apoyo a los manifestantes “en el momento adecuado en su intento por liberarse de su corrupto gobierno”. Asimismo, el Departamento del Tesoro autorizó el 4 de enero sanciones financieras sobre 5 entidades radicadas en Irán involucradas en el programa de misiles balísticos de Teherán y anunció su intención de agregar más sanciones por su actitud en contra de los iraníes que se manifiestan contra el régimen.

En este contexto, Israel y EU acordaron un plan para evitar que Irán obtenga armas nucleares y supervisar que no se viole el Acuerdo Nuclear del 2015. Israel es el primer país que podría enfrentar un ataque nuclear de Irán, que repetidamente ha manifestado la destrucción de Israel. El Primer Ministro Benjamin Netanyahu en varias ocasiones estuvo a punto de iniciar un ataque contra las instalaciones nucleares iraníes, fue frenado por EU.

Benjamin Netanyahu publicó un mensaje de apoyo a los manifestantes iraníes y acusó “que tristemente muchos gobiernos europeos observan en silencio mientras que los jóvenes iraníes son golpeados en las calles, Netanyahu consignó que cuando el régimen finalmente caiga, y un día así será los iraníes y los israelíes serán de nuevo grandes amigos”. En la realidad no se descarta que eventualmente se registre una confrontación entre las dos naciones.

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