Opinión

OHL y el pacto de impunidad

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OHL trabajando. (Cuartoscuro/Archivo)

Todos los alumnos de las escuelas de periodismo del país, y los integrantes de muchas redacciones, deberían ser obligados a escuchar los dos paquetes de audios que circulan en YouTube sobre presuntos actos de corrupción de la empresa OHL.

Si así lo hacen, si invierten una hora en eso (ya sé que es mucho pedir en tiempos de mensajes de máximo 140 caracteres), tendrían una lección invaluable sobre algo de lo que verdaderamente ocurre detrás de las miles de declaraciones oficiales que la mayoría de ellos tendrá que reportar a lo largo de su vida profesional.

El caso es un gran caso (Sabina dixit), y tiene todos los elementos para convertirse en un Watergate; sin embargo, ni siquiera ha alcanzado la fuerza de un huracán informativo. Hoy es, cuando mucho, una tormenta que salpica algunos espacios mediáticos, que sacudió en la bolsa a esa constructora, y que obligó a un funcionario a igualar con patéticas declaraciones el bajísimo nivel que le oímos en los audios. Pero no ha tenido ni la cobertura, ni las repercusiones que ameritaría.

Paradójicamente, y poniéndonos en un extremo, los audios no revelarían nada que no supiéramos (que las carreteras cobran indebidamente los peajes, que las concesiones carreteras son un atraco por varios motivos). Pero son un indicio sobre cuánto asistía la razón a quienes han cuestionado la manía concesionadora de gobiernos de toda índole: esos contratos se hacen por motivos ajenos al bien público.
Hincarle el diente a lo expuesto en los audios tomará semanas a quienes se apliquen en ello. Sin embargo, casi tan revelador como las llamadas ha resultado el silencio de la clase política, y la escasa repercusión mediática, con respecto a esas filtraciones. Por qué el caso no ha pegado como debiera, me preguntaba un colega. Aquí aventuro algunas respuestas.

A) No hagan olas. Sabedores de que tienen acuerdos similares con OHL y/o empresas del estilo, gobiernos y partidos de los tres colores son los menos interesados en que se averigüe el fondo de este tipo de concesiones.

B) Las elecciones son para atacarnos pero nunca para dañarnos. Las campañas deberían ser el momento ideal para que algunos candidatos tomaran un tema de estos y lo impulsaran al máximo. Salvo que en nuestro país hacer eso iría contra aquella máxima, antes sólo priista, de que una cosa es atacarse y otra poner en riesgo a la gallina de lo huevos de oro. (Comentario al margen: No creo que de ganar El Bronco ataque la corrupción en el NL de Nati y de Medina, pero el establishment no se puede dar el lujo de que así ocurra, por eso lo van a bajar a como dé lugar).

C) Intocable. Ir a fondo en el tema de OHL, por ejemplo (no se rían) abriendo una comisión en el Congreso, significaría revisar los contratos hechos y firmados no sólo por Eruviel, sino por el entonces gobernador Enrique Peña Nieto (y quizás investigar también al equipo que le acompañaba: Luis Videgaray, Luis Miranda, etcétera). Investigar al presidente de la República... Algunos medios simplemente se van a voltear a hablar de la tragedia en Nepal.

D) Finalmente, pero no menos importante: proponerse en serio una indagatoria supondría romper el, tácito o no, pacto de impunidad que une a nuestra clase política desde antes del inicio del sexenio
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Ya pensándolo bien, hasta se me hace mucho lo que se ha reportado estos días sobre OHL.

Aquí los links, créanme, valen la pena. Será uno de los ratos más aleccionadores, y repulsivos, sobre el estado de nuestra nación.

https://www.youtube.com/watch?v=_nLKxFvcAOg

https://www.youtube.com/watch?v=RRM0tARI_fM

Twitter: @SalCamarena

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