Opinión

Ochoa le gana la mano
a Anaya

   
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El dirigente nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza, se reunió con presidentes y secretarios de los comités directivos estatales del partido, ayer. (Especial)

La estrategia del presidente nacional priista, Enrique Ochoa Reza, quien se propuso convertir a la corrupción en el tema de la discusión pública, comienza a arrojar dividendos.

El PAN lleva desde el miércoles a la defensiva por el caso Guillermo Padrés, todo un éxito para el PRI, que pretende acreditar ante la ciudadanía que no es el único partido en el escenario de los exgobernadores perniciosos.

Porque ese es el objetivo estratégico del Revolucionario Institucional. Si bien el tricolor tendría mucho que perder si de verdad se investigara por corrupción a cada uno de sus recientes exmandatarios estatales, el discurso anticorrupción no es mala idea si todo queda en el plano mediático-electoral de un solo caso.

Ochoa y sus patrocinadores entendieron bien que el PRI podía dejar de ser el sinónimo de la corrupción si antes que limpiar la casa –lo cual les podría salir carísimo, sería un suicidio– logran instalar la idea de que no son los únicos con políticos impresentables.

Así, tenemos desde el gobierno un cerco judicial quirúrgico, que centrará en Javier Duarte y en algunos de sus colaboradores, los menos, el caso prototípico que el partidazo utilizará de ariete para mostrar las muchas miserias de otros partidos.

Ahora, cada vez que le saquen 'trapitos', Ochoa citará el caso del Duarte veracruzano. Le suspendieron sus derechos partidistas y le sacaron del gobierno. E hicieron lo primero mucho antes de que el PAN procediera con Guillermo Padrés.

Si todo el manejo del caso Javier Duarte es tardío, extemporáneo, insuficiente y hasta tramposo si se tiene en mente el desastre que es Veracruz, no se puede decir lo mismo en términos propagandísticos, plano en el que el sacrificio del veracruzano es funcional.

Hoy el PRI puede darle lecciones al PAN de Ricardo Anaya, que sólo se tardó un año en deslindarse de la conducta irregular y pendenciera de Padrés.

Porque Ochoa sabe lo que cualquiera: más allá de su modosidad, de su buen desempeño en debates y discursos, Anaya no ha acreditado una genuina lucha anticorrupción al interior del blanquiazul.

El PRI movió ficha, puso la cabeza de Duarte en la mesa, y ahora Ricardo Anaya quedará expuesto por su inacción sobre los 'moches', por lo que no ha hecho con respecto a los Villarreal, a Villalobos, etcétera, y por supuesto en torno a Padrés.

Tiene razón Miguel Ángel Yunes en estar preocupado. Ochoa querrá usar a Duarte para generar un efecto dominó en otras filas. Y Anaya se encuentra en una posición de debilidad: no puede investigar a quienes lo encumbraron, no puede solicitar apoyo de Margarita o Moreno Valle, que le ven con recelo por no jugar de manera pareja en la carrera presidencial, y si el gobierno enjuicia a Padrés evidenciará que al menos durante un año, el jefe nacional panista no movió ni un dedo para que el sonorense pagara por sus excesos y presumibles crímenes.

Con eso a cuestas, si la administración peñista decide que Yunes también debe ser investigado, ¿con qué autoridad moral Anaya denunciará que es una chicanada?

Por lo pronto este tanto debe ser anotado a la cuenta de Ochoa, que ha logrado que la caída de Duarte haga chuza en el Partido Acción Nacional, donde a trompicones primero sacaron un comunicado (el miércoles) para informar un tibio deslinde de Padrés, y ayer intentaban convencer que Anaya no ha visto al exgobernador.

Los priistas encaran el futuro con gran filosofía: si todos somos vistos como corruptos, nuestra chance de no perder es mayor. Y todo gracias al PAN de Anaya.

Twitter: @SalCamarena

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