Opinión

Oceanografía, una caja de sorpresas

Amado Yáñez Osuna cumplió lo ofrecido a través de intermediarios: en el momento en que lo requiriera la autoridad en México, se presentaría ante la PGR. Lo hizo a su manera. Tan pronto como fue enterado de que se había pedido a Interpol la petición para su localización -acción previa a la captura-, viajó a la Ciudad de México y se presentó el sábado voluntariamente a declarar. Su reaparición despertó expectativa no por lo que él pueda decir sobre el fraude cometido a Banamex por casi 400 millones de dólares el año pasado, que es lo que detona en febrero el escándalo, sino por lo que podría exponer ante una autoridad ministerial sobre cómo fue que en la última década gozó de tantos privilegios dentro del gobierno y, sobre todo, por qué.

Oceanografía olía enormemente a gas desde 2009, cuando la calificadora Fitch advirtió a los inversionistas que esta importante proveedora de Pemex tenía un apalancamiento muy elevado con baja generación de flujos de caja. Es decir, estaba vendiendo poco, pero con altos márgenes. Esta es una estrategia que se utiliza para generar mayor utilidad sobre los activos, pero trae consigo un alto riesgo si los pronósticos de ventas son equivocados. Yáñez Osuna y su socio minoritario, Martín Díaz, sobrino del exsecretario de Hacienda, Francisco Gil, no parecían tener problemas con sus ventas, ni con los créditos para financiar sus operaciones. Ni siquiera cuando en 2010 Fitch le retiró la calificación porque no le dio información suficiente, se vieron afectados.

Banamex, junto con unos 40 bancos y empresas siguieron financiándolos porque el gobierno les seguía dando contratos, que ganaban regularmente en licitaciones mediante una propuesta de costos más bajos -hasta de 30 por ciento- en la renta de barcos y plataformas marítimas, que recuperaban con sobreprecios en los servicios de cubierta. Hoy, cuando menos un ejecutivo de Banamex es investigado por su presunta participación en el fraude al banco por haber autorizado operaciones con documentos falsos, y otro más de Pemex Exploración y Perforación, en Ciudad del Carmen, por haber proporcionado formatos oficiales a Oceanografía para elaborar sus solicitudes apócrifas de financiamiento.

Yáñez Osuna llevaba años mostrando sus aires de poder, acceso e influencia en los gobiernos panistas. Desde la administración de Vicente Fox llegaba al departamento jurídico de Pemex rodeado de escoltas que iban con él a todas las oficinas. En esos años el director jurídico era César Nava, en cuya gestión se formaron dos funcionarios por quienes les pasó enfrente toda la documentación de Oceanografía, como contralores internos de la paraestatal, y nunca dijeron nada.

Uno de ellos, César Chávez Flores, ha sido involucrado junto con Nava en un litigio que inició el actual director de Pemex, Emilio Lozoya, en contra de la alemana Siemens, una de las empresas que participaron en el proyecto de modernización de Cadereyta, y de Jaime Camil, un empresario que también está relacionado con otra compañía vinculada a Oceanografía. El otro es Antonio Domínguez Sagols, a quien Nava le consiguió dos becas para estudiar en Europa durante el gobierno de Fox, actualmente número dos en la Dirección Corporativa de Compras en Pemex.

En sus declaraciones ministeriales, Yáñez Osuna responderá a las preguntas no sólo sobre el modus operandi financiero de Oceanografía, sino, cuando llegue el momento, cómo las puertas siempre estaban abiertas para él, no sólo en Pemex, sino en gobiernos por todo el país. Dos gobernadores, Rafael Moreno Valle, de Puebla, y Mario López Valdés, de Sinaloa, contrataron a empresas de Yáñez Osuna para trabajos de infraestructura, y bajo la mirada del gobernador de Querétaro, José Calzada, extendió de manera importante sus redes de negocios en ese estado. ¿Cómo lograba esos contratos? Ya lo explicará ante la PGR, donde también podrá aclarar si fueron resultado de aportaciones a las campañas políticas, o deslindar, llegado el caso.

El camino jurídico apenas comienza a abrirse hacia otros destinos. En el gobierno hay instrucciones de buscar todas las irregularidades que puedan encontrarle a Oceanografía o a sus empresas asociadas en los dos gobiernos panistas. Pero los negocios de Yáñez Osuna no eran sólo con el gobierno federal. Tampoco eran únicamente con administraciones panistas. La duda es qué tanto Yáñez Osuna va a decir en los interrogatorios. La pregunta es hasta dónde está dispuesto el gobierno federal a abrir esta caja de sorpresas y hacer limpieza integral en este asunto que tuvo vida transexenal y multicolor.