Opinión

Obama y Peña: fallarle a los jóvenes

En Estados Unidos los estudiantes extranjeros están abandonando la universidad. En la universidad de West Florida, por ejemplo, en 2008 la tasa de retención estaba en 95 por ciento. Tres años después bajó a 83 por ciento, según lo publicó Karin Fischer en el International New York Times del lunes. En ese mismo reporte se habla de un estudio que fue divulgado en San Diego el mes pasado. Los gobiernos de Barack Obama y de Enrique Peña Nieto, que han prometido incrementar el intercambio de estudiantes, deberían echar un ojo a lo que esa encuesta revela.

El documento permite dimensionar el abismo que existe entre lo que creen las autoridades universitarias que son los factores cruciales para la deserción escolar, y lo que dicen los principales afectados, es decir, los estudiantes foráneos. En el sondeo realizado por un organismo llamado Nafsa, los educadores, siempre de acuerdo con Fischer, señalan que entre las causas del abandono de los estudiantes extranjeros están los problemas con el inglés, las ganas de ir a una universidad que les ajuste mejor, temas académicos y problemas financieros. Pero si se revisan las respuestas de los estudiantes, es evidente que las causas del fracaso son esencialmente financieras: necesitan becas, facilidades para trabajar mientras estudian y apoyos para pagar sus estudios. El inglés no destaca.

Todo esto viene a cuento porque Obama y Peña Nieto hace ya trece meses (una eternidad para un joven) prometieron programas para que más mexicanos estudiaran en Estados Unidos y más estadounidenses viajaran a lo mismo a Latinoamérica. El mes pasado el subsecretario para América del Norte, Sergio Alcocer, en un encuentro con corresponsales extranjeros previo a la vista del secretario de Estado, John Kerry, fue vago al responder a cuestionamientos sobre si ese programa, prometido en mayo de 2013, tendría fondos reales y suficientes para apoyar a jóvenes que quieran estudiar licenciaturas en el país vecino. Lo más que dijo Alcocer es que estaban armando un esquema para abrir la oportunidad a estancias cortas.

En otras palabras, el cacareado programa de becas de ambos gobiernos quizá sólo alcance para financiar veranos para familiarizarse con el inglés. Eso no estaría del todo mal si, una vez más como ha pasado en otras materias con estas dos administraciones, no hubieran hecho crecer demasiado las expectativas.

Porque lo que los jóvenes mexicanos requieren es apoyo real, no mejoralitos. Para que quede claro cómo la realidad desnuda las promesas de estos gobiernos, comparto la siguiente anécdota ocurrida hace dos semanas: Carmela es una extraordinaria joven mexicana que tras haber estudiado, completamente becada, el bachillerato en Europa, se ha ganado media beca en una prestigiada universidad de la costa este de Estados Unidos. Sus padres, exitosos clasemedieros que se han abierto camino por su propio mérito, tenían tiempo preparándose para pagar algunos de los gastos de su hija en Estados Unidos. Pagar media beca supone un esfuerzo pero ahí la llevaban hasta que hubo que tramitar la visa. El gobierno de Obama, ese al que Peña le tolera todo, exige a esos padres que demuestren ante el cónsul que disponen de suficiente efectivo como para pagar de golpe la colegiatura de los cuatro años de la universidad (no en bienes, ni en inversiones de largo plazo, sino en dinero líquido. Y deben probar contar con fondos para el pago del total de la matrícula, no por la media colegiatura que en realidad finalmente pagarán).

Carmela (nombre cambiado, no vaya ser que el cónsul se lo tome a mal) y sus padres ya hicieron su parte. Obama y Peña, para variar, no. Puras promesas.