Opinión

¿Obama populista?

 
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ME Obama (Especial)

Al cierre de la reunión Cumbre de Líderes de América del Norte la semana pasada, en Ottawa, en la que los presidentes Peña Nieto y Obama junto con el premier canadiense resumían sus acuerdos sobre energía limpia y el TLCAN, una periodista canadiense le preguntó al presidente mexicano acerca de la comparación que ha hecho de Donald Trump con Hitler y Mussolini.

Algunas crónicas consignan que el presidente Obama tomó la palabra para tratar de rescatar a Peña Nieto del compromiso de opinar sobre un proceso electoral extranjero.

De todas maneras, Peña Nieto quiso responder. Argumentó que el populismo y el fascismo hitleriano se parecen en su demagogia y efecto devastador. Construyó su dicho lanzado duros adjetivos al populismo para concluir que “algunos dicen que (su demagogia) se parece a lo que en el pasado dos liderazgos también dijeron a sus sociedades: Hitler, Mussolini”.

Obama, él sí analítico, rechazó que el discurso de Trump –no lo mencionó por su nombre- sea populismo; acaso, dijo, es xenofobia y cinismo de quien nunca se ha preocupado de los trabajadores y ya encarrerado, el Presidente se autodefinió como populista sobre el argumento de que ha sido un político “a quien le importa la gente y quisiera poder asegurar que todos los niños estadounidenses tuvieran las mismas oportunidades”.

Esas preocupaciones hacen a un populista sólo a medias si no las traduce en políticas económicas, lo cual es muy difícil en esta época gobernada por las leyes del mercado, las cuales son implacables en castigar a quien las viola.

Y una forma de violentar al mercado son precisamente las políticas inspiradas en éticas o valores que anteponen las necesidades sociales a la eficiencia productiva y a la competitividad mercantil (los ejemplos van desde Echeverría en México hasta Hugo Chávez en Venezuela).

Es muy delgado el margen de éxito que permite la economía de mercado, en el que Obama no estuvo. Actualmente, el 21% de los niños estadounidenses viven en la pobreza, es decir 1 en cada 5; más de 31 millones de niños comen de la asistencia alimentaria.

Obama, el populista, se atuvo a las reglas de la economía para gobernar en medio de una crisis muy profunda, cuya lógica ha exigido mayor concentración de riqueza e ingresos.

En este espacio nos hemos referido al aumento de las utilidades de las corporaciones estadounidenses, que promediaron 9.3 por ciento anual de 2009 a 2014, los primeros cinco años del gobierno de Obama; el récord anterior era el 7.2%, que correspondía a los gobiernos de Lyndon B. Johnson y George Bush.

Conforme a la lógica del mercado que exige eficiencia y favorece a los más eficientes, y por falta del contrapeso del Estado, la tendencia al aumento de ganancias corporativas es similar en Europa y Japón. El Financial Times (5 de enero de 2016) argumenta que entre 1980 y 2013 los beneficios de las 28.000 principales empresas se elevaron del 7,6% a casi el 10% del producto mundial y que el jalón más fuerte es posterior a 2009.

Una definición más completa de un gobierno populista es la de aquel que pasa de las preocupaciones sociales a la implantación de políticas más allá de las asistencialistas, pero que contravienen las leyes del mercado sin medir la complejidad de sus condiciones y efectos.

Otra definición populismo se puede derivar de la experiencia del PRI: la apropiación simbólica del pueblo para gobernar en su nombre, por supuesto, sin el pueblo.

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