Opinión

Obama, el legado (I)

    
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Obama, (Reuters)

La semana pasada el presidente Barak Obama realizó su última gira internacional como presidente de Estados Unidos. Estaba prevista desde antes de las sorprendentes elecciones y tal vez diseñada, para el último adiós presidencial al enviar al mundo un mensaje de despedida.

Lo cierto es que se convirtió, irónicamente, en la gira de defensa del nuevo presidente electo cuyo discurso, retórica y mensaje fue consistentemente hostil a Barak Obama. El aún presidente de Estados Unidos recorrió tres países con el propósito de 'tranquilizar' al mundo por la impetuosa llegada de su sucesor. Obama insistió en varias ocasiones en establecer diferencias entre los 'dichos' y afirmaciones de campaña, con la postura y responsabilidad del presidente en funciones.

Solicitó paciencia y tranquilidad para esperar una postura institucional y estable del nuevo habitante de la Casa Blanca. Ciertamente un escenario que nunca imaginó, al verse obligado a comunicar a sus aliados de la OTAN o de sus colegas en Londres, que Trump iría asumiendo posiciones más institucionales.

Lo cierto es que Obama se va, y su récord como presidente quedará como una colección de claroscuros.

Es innegable señalar –como lo han hecho ya muchos analistas internacionales– que buena parte del desastroso resultado de la jornada electoral hace dos semanas es de forma indirecta un referéndum sobre el gobierno saliente. Obama hizo todo a su alcance por superar la grave crisis económica y financiera en que recibió al gobierno estadounidense, pero fue insuficiente. Esos estados del cinturón industrial en el noreste (Wisconsin, Michigan, Pensylvannia, Iowa e incluso Ohio) que Obama ganó en sus dos elecciones (2008 y 2012) fueron los que inclinaron la balanza electoral a favor de Trump. Las causas, entre las cuales se pueden sumar algunos errores de campaña de Hillary, radican más en el sentimiento de abandono y olvido con que los trabajadores y desempleados de esas zonas enfrentaron los años de Obama. Sus planes de recuperación económica no alcanzaron a reincentivar el crecimiento en esa zona y el resultado está a la vista.

Obama se va tras ocho años de una presidencia rica en ideales, libertades y posturas de avanzada, con un presidente de gran estatura ética y moral. Pero tristemente, torpe en la negociación política con el Congreso, que bloqueó sistemáticamente algunos de sus planes más ambiciosos e incluso algunas promesas de campaña que se convirtieron en proyectos irrealizables, como el cierre de la prisión de Guantánamo en Cuba, o la anhelada reforma migratoria. Existen ya muchos análisis sobre la incapacidad de Obama para movilizar al Congreso y entablar negociaciones pragmáticas en beneficio de iniciativas concretas, especialmente cuando el propio Barak Obama fue Senador y conocía perfectamente los mecanismos de intercambio y negociación en los pasillos del Capitolio.

Sin embargo fracasó sistemáticamente y se estrelló una y otra vez al intentar aprobaciones que en automático fueron rechazadas por la mayoría republicana.

Parece que el preparado e intelectual presidente afroamericano pretendía convencer por la estatura moral de sus propuestas, olvidando que en la colina del Capitolio se consiguen votos y respaldos, a cambio de otras propuestas e iniciativas. No ganó el poderoso argumento de la necesidad social y económica de una reforma migratoria, como tampoco –en la recta final– su orden ejecutiva de otorgar papeles y legalizar a cinco millones de inmigrantes indocumentados, decisión contra la que interpusieron recursos legales 27 estados de la Unión ante la Suprema Corte de Justicia.

Obama pasará a la historia como el presidente que lo intentó, pero no lo logró en materia migratoria.

Su ambicioso plan de salud para extender servicios médicos y cobertura hospitalaria a millones de estadounidenses sin seguro, el conocido Obamacare, se convirtió en un ariete de la oposición republicana en su contra. Fue discurso obligado en campaña y látigo favorito de Trump contra los demócratas y contra el presidente.

Lo cierto es que el Obamacare extiende la cobertura bajo la premisa de que quienes pagan sus seguros y primas de cobertura, paguen primas extra para aquellos que no tienen seguro y esto ha molestado profundamente a amplios sectores de la sociedad, especialmente de las clases medias y trabajadoras, quienes se quejan de cuotas altas e incremento en el costo de las primas de seguros. La nueva administración tiene entre sus primeros blancos de ataque desmontar este plan de salud, que no podrán hacer de inmediato por el elevado costo que significaría dejar sin cobertura a millones de americanos. Pero iniciarán gradualmente a retirar componentes y partidas presupuestales, que disminuirán primas y abandonarán a los no asegurados.

A nivel internacional Obama pasará a la historia como el presidente americano que se rehusó a desplegar tropas terrestres en el Medio Oriente para prevenir y contener la crisis de Siria que hoy azota a toda Europa. Fue quien cerró los conflictos de Irak y Afganistán de la mejor forma posible, retirando tropas y cerrando enormes flujos de dinero.

Logró recomponer el presupuesto interno, pero dejó un desastre político en Irak más atribuible a la torpeza de su antecesor y del entonces vicepresidente Dick Cheney quienes nunca contemplaron planes de salida.

Fue un defensor de derechos y libertades, opositor férreo al uso de armas, que también perdió frente a un Congreso que rechazó todo tipo de control.

Su labor y trabajo serán más y mejor valorados al paso del tiempo, aunque nunca le reconocerán la gradual, ligera recuperación del desastre económico que dejó George W. Bush.

Twitter: @LKourchenko

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