Opinión

Oaxaca y los pragmáticos Peña y Beltrones

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Enrique Peña Nieto

La decisión sobre quiénes serán los candidatos del PRI en las distintas elecciones de gobernador de este año –doce– recaerá en Manlio Fabio Beltrones, líder nacional de ese partido, y el presidente Enrique Peña Nieto.

Encuestas irán y vendrán sobre los suspirantes mejor posicionados en cada entidad. Cargadas y compadrazgos intentarán hacer valer su peso. Las redes se inundarán –más– de fotos de “espontáneos actos de apoyo” a los precandidatos. Viejas facturas pendientes de cobrar serán desempolvadas, los mandatarios estatales intentarán ser parte del dedazo, pero al final será lo que el sonorense y el inquilino de Los Pinos acuerden.

Dicho de otra manera, dos políticos pragmáticos, pero poco dados a las aventuras, serán los que definan quién abandera al tricolor en cada estado. Con todas las diferencias que puedan tener, Peña y Beltrones no sólo son hijos de la famosa disciplina del PRI, sino que de varias maneras han hecho manifiesto su deseo de olvidar los años en que el partido de Calles se olvidó de aplicar esa singular unidad voluntariamente a fuerzas.

Con esos antecedentes, qué harán Manlio y el presidente en Oaxaca, estado en el que los viejos cacicazgos de José Murat y Ulises Ruiz quieren mantener su férula.

¿Atenderán expresiones como las que se han venido publicando en algunos espacios (Carlos Puig el 18 de diciembre en Milenio http://www.milenio.com/firmas/carlos_puig/Pena-Nieto-frente-Oaxaca_18_648715162.html, o María Amparo Casar en Excélsior el martes http://www.excelsior.com.mx/opinion/maria-amparo-casar/2016/01/06/1067112), que sugieren al PRI optar por Mariana Benítez, exsubprocuradora y diputada federal, como una carta para descarrilar los intentos de maximato que Murat y Ruiz pretenden imponer en Oaxaca?

La renuncia de Alejandro Murat al Infonavit en diciembre supone la prueba de que su candidatura no iba en caballo de hacienda. El hijo de José Murat –Alejandro se beneficia del activismo político de su padre al tiempo que por lo mismo padece los odios y resabios de cuantos aún se sienten dolidos con la administración de su progenitor– no pudo o no supo aguantar desde la administración pública la señal de su jefe, el gesto que le dijera que él era el bueno. Así que ante la duda, se lanzó a intensificar las actividades que su esposa, principalmente, y él de manera incremental, realizó en Oaxaca durante el año pasado.

Con su renuncia, Alejandro decidió aumentar la apuesta frente al grupo de Ulises Ruiz, a sabiendas de que el delfín de éste, Eviel Pérez Magaña, no se bajaría de la contienda.

Choque de trenes del pasado. Ulises Ruiz –ya se sabe– no dejará pasar a Murat junior. Antes fuera del partido que junto a Murat, dicen que ha dicho en días recientes al gobierno.

Y para que Alejandro apoye a Eviel antes tendría que romper con su padre, cosa que si no hizo hace años para trazar una candidatura realmente propia menos hará en la derrota.

Si Manlio y Peña Nieto son tan pragmáticos como han sido, no optarán por construir desde abajo la candidatura de Mariana Benítez, por más méritos que se le vean desde acá.

También se antoja difícil que en Insurgentes Norte y en Los Pinos se arriesguen a que Gerardo Gutiérrez Candiani no cuaje como candidato de unidad. Por las dos cosas: que no cuaje como candidato y que no genere unidad.

En medio del enredo, pareciera más lógico pensar que Peña y Manlio encontrarán la manera de que los Murat aguanten a que en esta ocasión sea Eviel, antes que optar, en un estado que el PRI puede recuperar, a construir un candidato que no tenga, de saque, fuerza dentro del propio partido.

Twitter:
@SalCamarena

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