Opinión

Oaxaca, una crisis sin solución

   
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violentos. Maestros de la Sección 22 prendieron fuego a cascos, chalecos y escudos de la Gendarmería, ayer en Oaxaca

“¿Por qué nos tienen miedo?”, dice Germán Mendoza Nube. “Por qué no les tenemos miedo”. Mendoza Nube, uno de los fundadores y líderes históricos de la Sección 22 de la Coordinadora magisterial, identificado en informes de inteligencia y en la prensa como jefe del ala más radical de los maestros y miembro del EPR, añade: “Nosotros no provocamos la violencia; nos defendemos. Nosotros no administramos el conflicto; buscamos construir”. Mendoza Nube es una de las leyendas vivas de la lucha social en México, que se mueve en una silla de ruedas desde hace 29 años, cuando la policía lo apaleó en Río Grande, en la costa de Oaxaca. “¿Comandante guerrillero?”, se ríe. “No hay forma de que lo puedan probar”. En todo caso, “no se necesitan guerrillas en las comunidades. Son las comunidades las que se defienden”.

Mendoza Nube vive en la semiclandestinidad. Aparece y desaparece en mítines y asambleas. Hace mucho tiempo que no duerme más de dos noches en el mismo lugar, porque sabe que lo persiguen. No es nuevo. Varias veces ha sido detenido por sus actividades políticas –por lo que lo consideran organismos de derechos humanos internacionales como un preso político–, pero entiende que ahora es diferente. “No me quieren detener, me quieren desaparecer”. Lo ven como uno de los cerebros de la efervescencia en una Oaxaca que hierve. Su crisis política es profunda y no existe solución en el corto, mediano y, como están las condiciones en el estado, ni en el largo plazos.

Varias regiones de Oaxaca viven la incertidumbre del momento en que inicie la violencia. El pensamiento convencional es que el momento de Oaxaca empezó con la oposición crecientemente beligerante de la Coordinadora magisterial contra la reforma educativa, polarizada por la dureza retórica del secretario de Educación, Aurelio Nuño, con el acompañamiento de penas punitivas cantadas como victoria contra los maestros. El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, por instrucciones presidenciales, desplazó a Nuño y tomó el control político por parte del gobierno. Llamó a los maestros disidentes a un diálogo para la pacificación de Oaxaca, donde advirtió que de educación no se hablaría. El punto número uno en el pliego petitorio de la Coordinadora magisterial fue la derogación de la reforma educativa.

Doce horas después de diálogo, las cosas siguen en el mismo punto. ¿Qué es lo que está sucediendo? Este diálogo que parece de sordos habría que verlo bajo diferente óptica. Quizás habría que escuchar lo que dice Mendoza Nube sobre las comunidades. Quizás la paz y el orden en Oaxaca no pasan por ellos sino por otras correas de transmisión. Van para dos meses las movilizaciones, y los choques de oaxaqueños contra las fuerzas de seguridad tuvieron un momento icónico el 19 de junio en Nochixtlán, cuyo saldo fue de cuando menos nueve muertos y más de un centenar de heridos –algunos siguen graves–, entre ellos niños, cuya intensidad no ceja.

Pensar fuera de la caja, como establece la metáfora, permite buscar otros caminos de entendimiento. Pero primero habría que aclarar: ¿está la guerrilla detrás de la rebelión en la cuenca del sur? Por la frecuencia de sus comunicados, y los vasos comunicantes, sí participa. La pregunta es qué tanto influye. La multiplicación de la protesta social en Oaxaca y otros estados permite asegurar que la guerrilla no tiene control sobre lo que está pasando. No tiene el implante territorial para realizar las movilizaciones, ni tampoco la penetración en las decenas de comunidades en pie de lucha. Para que un movimiento de ese tipo tenga apoyo de las bases, requiere de cuando menos una década de trabajo de adoctrinamiento, que no la ha tenido el EPR, la guerrilla dominante, fuera de la zona de Los Loxchicas. Los maestros, a quienes las comunidades oaxaqueñas están presionando en este momento para que terminen el ciclo escolar y entreguen las papeletas pese a estar en las barricadas con ellos, tampoco.

La Sección 22 ha sufrido un desgaste creciente por la forma como trata a sus agremiados, con amenazas y represión contra quienes no participen en las movilizaciones. Pero el desgaste no ha impedido, sin embargo, que los maestros galvanicen los viejos agravios en el estado ante la profundización del conflicto provocado por el gobierno de Gabino Cué, quien agudizó las contradicciones que tienen a Oaxaca en vilo.

Durante la administración de Cué hubo obras suntuosas –un baño de mármol en el auditorio de La Guelaguetza– y pocas obras de infraestructura. Aun así, elevó la deuda de cuatro mil 615 millones de pesos a 13 mil 175; es decir, la aumentó en 300 por ciento, que pagarán los oaxaqueños en 20 años. La pobreza se disparó: hay tres millones 793 que viven en pobreza o pobreza extrema, lo que significa que sólo nueve mil están por encima de la sobrevivencia. El narcotráfico se instaló en el corredor Juchitán-Pinotepa Nacional, y creció en el istmo. Subieron los homicidios y se ubicó en el segundo lugar de feminicidios. Los asesinatos de líderes sociales se incrementaron, al igual que las violaciones a los derechos humanos.

Los problemas de Oaxaca no comienzan y terminan con los maestros. Ese diagnóstico está equivocado por reduccionista. La rebelión magisterial es sólo una cara de una rebelión social en un estado que decidió enfrentar al Estado. Las comunidades que menciona Mendoza Nube son las venas por donde corre el descontento. El conflicto, en efecto, es más grave.

Twitter: @rivapa

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