Opinión

Nuevo juego presidencial

 

Acabado el primer tercio de su sexenio –que duró 18 meses–, el presidente Enrique Peña Nieto estableció claramente lo que viene ahora. Terminó el tiempo de las reformas constitucionales, por lo que en adelante no necesitará armar acuerdos cupulares como los que se dieron en el Pacto por México, la placenta de su revolución. Dejará, por lo mismo, de usar guantes de terciopelo y poner la mejilla cuando le golpean la otra, para evitar que los partidos de oposición le saboteen sus planes. No tendrá porqué sacrificar más capital político y pagar con su aprobación presidencial su agenda parlamentaria. Ahora va por la recuperación de su imagen, de su gobierno y del futuro. Si alguien lo duda, que prenda la televisión.

En esta semana Peña Nieto, uno de los políticos más telegénicos que han existido en este país, se metió de lleno al terreno donde se siente cómodo, que maneja y que le gusta, para lanzar mensajes a auditorios segmentados. Se metió en un exitoso programa de media mañana a Televisa, al que una buena parte de la población que hace tareas en casa o lúdicas en la calle, atiende con fe, y le regaló una entrevista a sus populares conductores Andrea Legarreta y Raúl Araiza para hablar de todo y de nada, para transmitir a través de ellos, los mensajes que quiere que esas audiencias, líderes en sus casas, reciba y transmita.

En paralelo, se dejó entrevistar por seis periodistas y conductores en medios electrónicos donde las preguntas se hicieron desde un terreno más informado, más intencionado y de mayor profundidad. En el primer espacio le habló a la opinión pública, que es donde se encuentran los electores volátiles y que ayuda a construir el consenso para gobernar. En el segundo le habló a la opinión política, donde se dirimen las ideas y los programas, los métodos y las prácticas, para establecer cuáles serán los términos en los que prepara su siguiente fase de acción política.

Por mostrar las diferencias de audiencias, en el primer caso repitió lo que por meses machacó: las reformas alcanzadas irán mostrando gradualmente sus beneficios, con más inversiones, que generarán empleos, con mejores salarios, que al final traerá el crecimiento. Nada sofisticado, pero hay que repetir hasta el cansancio para que algo quede en la mente de quien lo escuche en ese mercado que busca todo procesado y listo para digerir. En el segundo, lo más relevante fue el mensaje al PRD y a los inversionistas. ¿Consulta popular para desmontar la reforma energética? Es un tema exclusivamente electoral, dijo. Respuesta directa, sin codificación para quien entiende las claves de la política. ¿Quiere ir el PRD por esa vía a la batalla por las urnas? Que ahí lo esperen.

Peña Nieto fijó la siguiente fase de su estrategia de poder, y recuperó lo que otros presidentes han hecho en el pasado, como dialogar con la élite y usar los canales para comunicarse con ella –los periodistas-, sumando esa vertiente de acción a su experiencia exitosa del reciente pasado, donde el presidente dialogaba con la masa social para transmitir su mensaje. El éxito de este nuevo juego estratégico se verá en los próximos meses, y dependerá de cómo ha reformulado el mensaje. Este cambio es inevitable.

El jefe de la Oficina de la Presidencia, Aurelio Nuño, responsable del mensaje, su empaquetado, formato y difusión, declaró hace unos días
–también en televisión–, que durante todo este primer tercio del sexenio la retórica se enfocó en las reformas. Todo era para apoyar las modificaciones constitucionales, repetido sistemáticamente quizás no tanto para convencer, sino para neutralizar a todos aquellos que las consideran un beso del Diablo. Entonces, si las reformas constitucionales terminaron como dijo el presidente, el mensaje de las reformas, como explicó Nuño, también acabó su ciclo.

Peña Nieto repitió en la entrevista con los periodistas y conductores que todo lo que hizo fue realizado sin tomar en cuenta las encuestas, que lo colocan por debajo de 50 por ciento de aprobación, con un número creciente de mexicanos que desaprueban su gestión; la cifra ha subido en más de 100 por ciento desde que asumió la presidencia. Ese desinterés fue estratégico. De haberle importado, sus números probablemente estarían mucho mejor, pero igualmente no tendría en el bolsillo las reformas que buscó. Peña Nieto hizo lo que todo político con experiencia recomienda: hacer los cambios profundos en la primera parte de su gobierno, cuando tiene toda la fuerza y es más difícil que fracase. Pero para facilitar la etapa de la consolidación de las reformas, el segundo tercio requiere otra retórica, discurso y manejo comunicacional.

En la Presidencia llevan meses trabajando el nuevo mensaje. La oficina de Nuño mandó hacer una encuesta de más de 20 mil cuestionarios para entender mejor lo que aspira y frustra a la sociedad, y entender cómo influían las redes sociales en ella. Descubrieron sus debilidades y diseñaron un nuevo modelo para recuperar todo aquello que sacrificaron por las reformas. Nuevo diseño de comunicación política –esbozado en las entrevistas televisadas y nuevo discurso están saliendo del horno. Ya se puede ver, con mayor claridad, en cuáles terrenos el presidente dará su siguiente batalla.

Twitter: @rivapa