Opinión

Nuevo año, viejos retos

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Lo dijo en diciembre pasado Ernesto Torres, director general de Grupo Financiero Banamex:

“México es, junto con India, uno de los pocos mercados emergentes relevantes que en 2016 crecerá más que en 2015”. 

En efecto, el consenso de analistas en el mercado espera para este año un crecimiento de la economía mexicana de entre 2.6 y 2.7 por ciento.
Banamex estima que crecerá 2.8 por ciento, más que Chile, cuyo pronóstico para 2016 es de 2.0 por ciento.

Los más optimistas, como Nomura, creen que México podría crecer 3.5 por ciento, y los menos optimistas, como Vector, sólo 1.8 por ciento. Hay una diferencia de prácticamente 50 por ciento entre el pronóstico más alto –de un banco extranjero– y el más bajo –de una institución financiera nacional.

Esa brecha se corresponde con el “enorme GAP entre realidad y percepción” que preocupa a Luis Robles, presidente de la Asociación de Bancos de México.

Su colega Luis Peña, de HSBC, reconoce que “consistentemente México se ve mucho mejor afuera que dentro del país”.

 Y sí, internamente se tiene una visión más crítica de México, a diferencia de la percepción favorable con que se mira el país desde el exterior.

El crecimiento esperado para este año no pinta mal, después de cerrar un 2015 en el que la economía mexicana habría crecido 2.5 por ciento anual.

Aun así, la expansión económica de México volvió a quedar muy por debajo de las expectativas originales del mercado, al igual que en 2014 y 2013.

Nadie puede estar satisfecho con un crecimiento de esa magnitud, con todo y que sea envidiable a nivel internacional o que contraste con el de América Latina.

Pero no se puede crecer más de 2.5 por ciento cuando hay un entorno global complejo, caracterizado por el alza de las tasas de interés en Estados Unidos y el fortalecimiento del dólar, entre otros factores como la desaceleración de la economía china.

En ese sentido, uno de los riesgos para el pronóstico de 2016 es el “decepcionante” crecimiento económico mundial, como lo perfiló Christine Lagarde, directora gerente del FMI.

Otro es el bajo precio del petróleo mexicano de exportación, y uno más es la caída en la producción de crudo –en 2015 el bombeo de Pemex fue el menor desde 1980.

Ambos factores, precio y producción de petróleo, no sólo pueden debilitar la economía mexicana a corto plazo, sino hacer que la reforma energética no tenga el efecto esperado en el crecimiento a mediano y largo plazos.

Pero también hay retos internos, como lo apuntó Ernesto Torres, asociados a la seguridad, la transparencia, el combate a la corrupción e impunidad y la aplicación del Estado de derecho.

Los rezagos en esos temas no sólo molestan e irritan a la sociedad, sino que amenazan el crecimiento económico del país.

El 2016 será, según el consenso, mejor que 2015, lo que no garantiza que sea un buen año. Veremos.

Twitter: @VictorPiz

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