Opinión

Nuestros ‘espíritus animales’

 
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Nuestros ‘espíritus animales’.

¿De qué depende el movimiento de la economía? Las teorías ortodoxas dicen que los consumidores buscan maximizar su satisfacción y que los empresarios hacen lo mismo con su utilidad.

En esa búsqueda, se determinan los precios que mandan las señales para que se pueda establecer el equilibrio de los mercados y se llegue a una especie de mundo feliz.

Todavía hoy, los fundamentalistas de los mercados piensan que la economía funciona de esta manera y que la intervención de fuerzas ajenas, como el Estado, perturba la consecución del equilibrio general.

En realidad, ya desde hace muchos años, en 1936 para ser precisos, el economista y filósofo inglés John Maynard Keynes elaboró una teoría que cambió esta perspectiva y que lo convirtió quizás en el economista más influyente del siglo pasado.

Una de sus visiones es que las decisiones de inversión no se toman racionalmente, como dice la teoría ortodoxa.

Esta es una de las citas que lo volvió célebre:

“…gran parte de nuestras actividades positivas dependen más del optimismo espontáneo que de una expectativa matemática, ya sea moral, hedonista o económica. Quizá la mayor parte de nuestras decisiones de hacer algo positivo, cuyas consecuencias completas se irán presentando en muchos días por venir, sólo pueden considerarse como el resultado de los espíritus animales –de un resorte espontáneo que impulsa a la acción de preferencia a la quietud, y no como consecuencia de un promedio ponderado de los beneficios cuantitativos multiplicados por las probabilidades cuantitativas”.

En otras palabras, que al final de cuentas las inversiones que realizan las empresas dependen en un buen grado de algo indefinible, y que es la confianza, la intuición o el instinto –como le quiera llamar– de que las cosas estarán bien en el futuro.

En todo el debate reciente acerca del ‘humor social’ no se ha considerado la implicación que puede tener precisamente en las decisiones de inversión.

Hoy se dará a conocer el dato de inversión bruta fija de febrero. Las expectativas señalan que subirá –el consenso dice que 4.2 por ciento–, sin embargo, como aquí le hemos comentado en múltiples ocasiones, aun si fuera así, el promedio del primer bimestre de este año apenas habría crecido a una tasa de 1.8 por ciento anual respecto al mismo periodo de 2013 o a una tasa de 2.6 por ciento anual promedio desde el año 2000, ambas tasas muy bajas.

En el sector manufacturero, en abril, el índice que mide la opinión de si es buen momento para invertir en México se colocó en 36.3 puntos, que si bien estuvo ligeramente por arriba de marzo, está 25.9 por ciento abajo que el nivel más elevado al que llegó en este sexenio, que fue de 49 puntos en mayo de 2013.

Cambiar positivamente el ‘humor social’ no es principalmente un asunto de conveniencia política, sino esencialmente de necesidad económica.

Si entramos al proceso electoral federal con ‘mal humor’ y con la incertidumbre respecto al futuro, los ‘espíritus animales’ que son determinantes de las inversiones pueden conducirnos a un freno de la economía que los modelos económicos no pueden anticipar, lo que a su vez reforzaría el desánimo.

Insisto: estamos a tiempo de cambiar ese escenario.

Twitter: @E_Q_

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