Opinión

Nuestro milagro vial

    
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Querétaro vialidades. Foto: Braulio Tenorio.

La verdad es que es un milagro que no tengamos más percances como el de Reforma y Lieja del viernes pasado.

Ayer propuse que saquemos una sola lección del trágico evento en el que murieron cuatro personas. Por ello traje a colación la chilena Ley Emilia, que estableció la pena mínima de un año de prisión a quien cause daños graves o la muerte mientras conduce alcoholizado.

El cáncer en nuestro país, ya se sabe, es la impunidad. Con eso en mente, a partir de casos como el del viernes podríamos diseñar un efectivo sistema de consecuencias para quienes violan las normas viales.

Porque no tendríamos que esperar a que un conductor provoque daños graves, o la muerte de alguien, para castigarle. Lo ideal sería que ese sistema de penalizaciones fuera gradual y que, con ánimo disuasivo, ayudara a los conductores a tomar conciencia de su responsabilidad al volante. No sé, podríamos penalizarlos por cada infracción, y si reinciden, aumentar las multas o quizá hasta retirarles la licencia… ¿Les suena? Exacto, eso ya lo tenemos en la capital, pero no funciona.

Sucede que en la Ciudad de México hay alrededor de cinco millones de licencias. Y sucede que a juicio de especialistas consultados, esas licencias son un plastiquito que uno porta en la cartera y que está registrada en alguna opaca base de datos, mas no constituyen un padrón digital que sirva, antes que a nadie al agente de tránsito, para evaluar, en tiempo real, la conducta de un automovilista.

En otras palabras, y según explica el diputado federal Jonadab Martínez, en la capital en pleno siglo XXI si ustedes son detenidos por pasarse un alto les impondrán una multa a ciegas, sin que el sistema detecte si ustedes cometieron una infracción similar semanas atrás (por lo cual se podrían incrementar la multa dada la reincidencia), o si un año antes estuvieron en el Torito por conducir con más alcohol en la sangre que el permitido (ídem).

Ya sabíamos que por ser expedidas como quien vende jamón (de hecho se expiden donde se compra el jamón), el sistema de licencias no sirve como referencia de las habilidades de manejo o de la educación y conciencia vial del portador de la misma.

Hoy debemos discutir el hecho de que tampoco sirven como un documento para llevar el registro de las patanerías al volante. Porque incluso si se pretendiera aplicar la ley vigente, me explica por su parte Laura Ballesteros de la Secretaría de Movilidad, si se quisiera aplicar una baja de puntos a los infractores por faltas que así lo ameriten, se tendría que llevar a cabo un procedimiento donde un ejército de notificadores fueran apercibiendo caso por caso, derecho de audiencia incluido, a los sancionados. Conclusión: nadie nunca ha perdido la licencia por acumulación de infracciones. Usted puede caer diez veces en el Torito en un año y no por ello le retirarán su mica.

Y el problema rebasa, por supuesto, los límites de la ciudad de México. Si de casualidad le quitaran la licencia en un estado de la República, y dado que no hay un padrón nacional de licencias, usted podría sacarse otra en la entidad vecina. Y a pesar de ello nada le impediría ser conductor de autotransporte de personas, carga o Uber.

Me contradigo. A partir de la muerte de estos cuatro jóvenes obremos dos milagros: metamos al siglo de la tecnología digital a las licencias de todo el país (como quiere el diputado Jonadab Martínez), y castiguemos debidamente a quienes al combinar bebida y volante dañen a alguien. Digo.

Twitter: @SalCamarena

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