Opinión

Nuestro mal humor

 
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Nuestro mal humor.

El secretario de Desarrollo Social, José Antonio Meade, en un discurso pronunciado el viernes pasado, aludió a lo que en este espacio hemos referido una y otra vez: el estado de ánimo sobre el país.

Meade refirió: “Vale la pena que dejemos el mal humor, vale la pena que dejemos la crítica sin fundamento y vale la pena que nos demos cuenta que tenemos un gran país”.

Ese mismo día, la consultora KPMG presentó su estudio anual Perspectivas de la Alta Dirección en México 2016.

Permítame aludir a algunas de las cifras reportadas en el sondeo entre 812 altos directivos, y regreso después al tema del mal humor.

Una de las preguntas formuladas a los directivos es cuál es el comportamiento de la rentabilidad de su empresa en los últimos tres años. El 48 por ciento refirió que se ha incrementado y el 15 por ciento que ha disminuido, es decir, hay un balance positivo de 33 puntos. En 2013, el primer año de esta administración los porcentajes respectivos eran de 40 y 23 puntos respectivamente, con un balance de 17 unidades. Es decir el balance positivo se ha duplicado en tres años. A las empresas les está yendo mejor.

Sin embargo, cuando se pregunta acerca de cómo considera que impactó en la empresa la acción del gobierno en 2015, el 13 por ciento respondió que positivamente y el 53 por ciento que negativamente.

¿Y cuál cree que es la principal explicación para este impacto negativo?

¡La disminución del consumo interno!... quizás la variable económica que mejor desempeño tuvo en 2015.

Cuando se pregunta cuál es la principal tarea que debe emprender el gobierno para incrementar su competitividad, el 36 por ciento refiere “reformas estructurales” y el 90 por ciento pide “combate a la corrupción”.

Regresemos al tema del mal humor.

Cuando se revisan en detalle la mayor parte de las cifras que permiten obtener un balance económico y social de México, se perciben resultados positivos, moderados pero positivos.

Pero, cuando la sociedad califica la acción de la autoridad, y especialmente del gobierno federal, la nota tiende a ser mala o muy mala.

Y específicamente, salta frecuentemente el tema de la corrupción.

Es lo de menos si hoy realmente hay más o hay menos corrupción que en el pasado, la percepción es que hay mucho más.

Y, el gobierno federal no parece haberse dado cuenta de que su mala valoración tiene que ver con su incapacidad para demostrar que esa percepción está equivocada.

No se ha dado sentido de prioridad y urgencia a ese cambio de percepción.

El mal humor al que aludió correctamente el secretario de Desarrollo Social no es algo inalterable. Puede cambiar.

Ese mal humor es el que distorsiona la visión de la realidad y hace percibir mal la realidad macro y bien el entorno inmediato, el que está bajo nuestro control.

El gobierno debe asumir que tiene el tiempo para hacer ese cambio, pues falta aún poco menos de la mitad del sexenio. Cuestión de voluntad.

Twitter:@E_Q_

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