Opinión

Nuestra insuficiente inversión

 
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Módulo especial dólar. (Especial)

El problema económico número uno de México es la insuficiente inversión. Los datos que dio a conocer el Inegi el viernes no dejan lugar a dudas.

De acuerdo con las cuentas nacionales de 2014, la formación bruta de capital representó apenas 20.7 por ciento del PIB.

En Corea, ese porcentaje fue de 29 por ciento; en China, 48 por ciento; en India, 31 por ciento; en Singapur, 28 por ciento.

Los países desarrollados tienen coeficientes ligeramente más bajos que el de México. Estados Unidos y Alemania tienen, por ejemplo, 19 por ciento. Si en México llegáramos al menos a 25 por ciento, otra sería la historia.

Una formación de capital, o inversión, más elevada, implica usualmente tasas de crecimiento económico más altas.

La productividad está generalmente vinculada de manera directa a la inversión.

Pero, hagamos un poco de historia.

Entre 1960 y 1970 en la época del desarrollo estabilizador, la formación bruta de capital creció a una tasa anual real de 8.0 por ciento en promedio.

En la década de los 70, con todo y la crisis, mantuvo el ritmo y alcanzó la cifra de 8.2 por ciento anual promedio.

En los 80 se presentó el primer gran tropezón. La inversión ya no creció sino que cayó a un ritmo medio anual de 1.1 por ciento.

Sin embargo, en la década de los 90 regresó el dinamismo. Con todo y la gran crisis de 1995, entre 1993 y el año 2000, la tasa de crecimiento promedio fue de 5.0 por ciento. Y desde entonces no nos hemos recuperado.

En el sexenio de Fox el ritmo promedio bajó a 3.6 por ciento; en el periodo 2006-2012 se atemperó aún más el ritmo a 2.4 por ciento, y en el lapso de 2012 a 2014 estuvo aún más abajo y alcanzó sólo 0.4 por ciento anual promedio.

Es decir, si tomamos los últimos 14 años (los años completos de este siglo) tenemos una tasa de 2.6 por ciento promedio.

Sin embargo, es interesante contrastar que en estos 14 años la inversión privada creció a un ritmo de 3.4 por ciento promedio contra una caída promedio anual de 0.1 por ciento de la inversión pública (de todos los niveles de gobierno).

No todo el gasto público cayó. De acuerdo con las cuentas nacionales, el consumo del gobierno sí creció a una tasa promedio anual de 1.6 por ciento que, aunque estuvo por abajo del promedio del PIB, contrasta con lo ocurrido a la inversión pública.

Si el país quiere crecer más, como la mayoría queremos, no existe otra forma que incrementando la inversión, tanto del sector público como del sector privado.

Y eso sólo se puede lograr si el sector privado destina una proporción superior de sus ingresos a construir, comprar equipo, modernizar sus instalaciones. Y del lado de todos los niveles de gobierno a bajar el gasto corriente para poder poner más recursos a la inversión.

Se supone que reformas estructurales como la energética o la de telecomunicaciones van a propiciar lo anterior. Pero se requiere mucho más.

En este espacio le he comentado frecuentemente que sólo si miles y miles de pequeñas empresas también invierten, tendremos oportunidad de crear trabajos en volumen adecuado y con mejores remuneraciones.

Pero de ese tema hablaremos mañana.

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