Opinión

Nuestra elección a la
Casa Blanca

   
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Hillary Clinton y Donald Trump se despiden tras el debate de este lunes. (AP)

SYRACUSE, Nueva York.- Una periodista mexicana de radio me interpeló el martes pasado, un día después del debate entre Hillary Clinton y Donald Trump —¿Me puede explicar por qué Clinton no defendió al Tratado de Libre Comercio de América del Norte?

La pregunta de la periodista evidencia lo que muchos mexicanos sentimos: es casi nuestra elección. La elección de 2016 a la presidencia de Estados Unidos potencialmente tendrá profundas consecuencias en nuestro país, que estamos fascinados y profundamente preocupados por su resultado. La buena actuación de Clinton en el debate, en tiempo real, hizo ganar terreno al peso frente al dólar.

También los italianos, los salvadoreños, los chinos, los australianos y ciudadanos de todos los confines del planeta sienten que la elección por la presidencia de Estados Unidos les afectará y, por tanto, les interesa y se preocupan de muchas maneras.

Por lo general, la elección de Estados Unidos es observada en todos los rincones del planeta. Sin embargo, la elección de 2016 reviste una importancia muy especial. Hay una distancia enorme entre los dos candidatos y el potencial de irrupción en los mercados no tiene precedente.

En 2012, si el republicano Mitt Romney hubiese derrotado a Barack Obama, las consecuencias, al día siguiente de la elección, hubiesen sido mínimas. Los mercados prácticamente no se hubiesen movido.

La que suceda el próximo 8 de noviembre será fundamental para la economía mundial e incluso para la paz del planeta. Como señala el fascinante artículo del semanario New Yorker, “La primera presidencia de Trump”, tendría repercusiones catastróficas, desde una gravísima recesión económica hasta una incertidumbre nuclear nunca antes imaginada.

Tradicionalmente los candidatos de los dos grandes partidos de Estados Unidos tienden a coincidir en sus posiciones a medida que se acerca la elección general. Es decir, ya pasada la temporada primaria en que toman posiciones, incluso extremas, con tal de ganar el voto duro partidario. En la elección general tienden al centro del spectrum ideológico.

En esta elección, sin embargo, ha pasado lo contrario. Trump continúa manteniendo posiciones extremas ante muchos temas de la mayor importancia para la seguridad y el bienestar de Estados Unidos como la migración, el acuerdo nuclear con Irán o la relación con Beijing. Clinton, por su parte, e influida por Bernie Sanders, adoptó la plataforma de campaña más progresista en la historia del Partido Demócrata. Así, ambos candidatos se encuentran en extremos opuestos en los que se refiere a impuestos, relaciones raciales y el gasto militar.

Las diferencias entre uno y otro candidatos van más allá de la ideología. Hillary destaca como una de las candidatas en la historia de Estados Unidos mejor preparadas en seguridad nacional y política exterior, al nivel de George H. Bush (el presidente número 41 y papá de George W.) o de Dwight Eisenhower (1953-1961).

Por el contrario, Trump no tiene preparación alguna. Incluso sus críticos, entre los cuales se encuentran prominentes republicanos como el expresidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, señalan que no tiene el temperamento para ser el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de su país.

Anna Lombardi, periodista italiana del diario La Repúbblica y parte del extraordinario esfuerzo de siete influyentes diarios europeos para cubrir la elección estadounidense de este año, la Leading European Newspaper Alliance, me explica: “A los europeos nos horrorizan básicamente dos cosas de Trump: su menosprecio por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) —que ha sido la institución ancla de la paz en la posguerra— y su amistad con Putin, quien es visto, simple y llanamente, como un dictador. ¿Cómo puede un aspirante a la Casa Blanca —señala Anna— ser tan cercano a Putin?”.

De llegar Trump a la presidencia, el mundo entero experimentaría importantes repercusiones. Para nosotros, el vecino, las consecuencias negativas se magnificarían. A los mexicanos nos ha horrorizado su lema de campaña: Vamos a construir un hermoso muro fronterizo y ¿saben quién lo va a pagar?, México; y lo haremos con las remesas.

La elección de este año en Estados Unidos es la pesadilla de la diplomacia mexicana hecha realidad. Esto es, México ha estado, como nunca en la historia, en el centro del debate electoral. Más precisamente, el candidato republicano ha hecho de la migración, la frontera y el comercio con México, parte de sus más exquisitos mensajes electorales.

Es hora de ocuparse, ya no de preocuparse. La ocupación, por cierto, debe ir más allá del 8 de noviembre. Aunque gane Hillary, quienes ahora corean “México va a pagar el muro”, seguirán votando en el país vecino.

Twitter: @RafaelFdeC

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