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Marcelo Ebrard en la Cámara de Diputados. (Cuartoscuro)

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gamés cavilaba: cuando nadie le cree al gobierno, cuando la incredulidad se ha convertido en patrimonio de los gobernantes, de inmediato surgen los comités de notables, interventores o supervisores intachables, hombres y mujeres insobornables que sancionan y dan el visto bueno a las acciones que el desprestigiado gobierno lleva a cabo.

Mientras Virgilio Andrade hablaba frente a los medios de comunicación y al presidente, un minuto antes de protestar como nuevo secretario de la Función Pública, Gil pensaba que el grupo de notables cuyo trabajo será investigar la investigación de Andrade tendría que ser de primerísima línea.

Gilga propone a este equipo: el Arcángel San Miguel, el beato Sebastián de Aparicio, San Martín de Porres, Fray Toribio de Benavente, Motolinía, la Madre Teresa de Calcuta (las cuotas, las cuotas) y Sor Juana Inés de la Cruz (a toda investigación conviene un poco de poesía). El lema de Los Pinos podría ser éste: periodistas necios que acusáis al presidente sin razón, / sin ver que sois la ocasión / de lo mismo que culpáis. Aigoeei.

Prensa que más aplauda

¿Cómo ven a este panel de vigilancia? ¿Tomó usted nota, Viryi? La verdad, si no son estos hombres y estas mujeres de probidad extraordinaria quienes integren al grupo, Gamés no ve cómo alguien le creerá a Virgilio y, en consecuencia, al presidente. Un día fue “no pago para que me peguen”; hoy las cosas han cambiado: “pago para que peguen”. Anjá.

Gil lo encontró en la fronda tuitera y lo trajo del tuiter de Katia D’Artigues: “Prensa que más aplauda”. Gilga le añade: Prensa que más aplauda, prensa que más aplauda le traigo le traigo le traigo la neta. Gamés se reventó esta rola sin más table dance que el amplísimo estudio sobre la duela de cedro blanco.

Todo es muy raro. ¿Por qué habrá dicho el presidente lo que dijo al terminar su discurso? Se refería a los representantes de los medios de comunicación: “Ya sé que ellos no aplauden”. Misterio enorme.

El que sabe, sabe

En otro lugar de la ciudad, a la misma hora, Marcelo Ebrard armaba un jaleo. Mano negra, orden bajo cuerda, me persiguen por orden del señor de Los Pinos, infamia priista. Así reaccionó Ebrard al dictamen de la comisión de legisladores que investigó las irregularidades de la Línea 12 del Metro.

El informe fue enviado (ah, la voz pasiva) a la PGR. Gilga ve un caso más bien desesperado que sólo podría arreglar San Juan Pablo II. Es decir, un milagro de los grandes impedirá que algún tipo de sanción caiga sobre Ebrard y los integrantes del equipo de su gobierno, los que trabajaron y supervisaron (es un decir de decires) la Línea 12 del Metro.

Gamés acepta sin conceder que la mano de un Neptuno ha agitado las aguas políticas en las cuales navega Marcelo Ebrard. Ahora mal: ¿existen las once estaciones cerradas de la Línea 12? ¿Es verdad que los trenes no concuerdan con los rieles? ¿Es cierto que la ondulación acelerada pudo poner en riesgo la vida de los usuarios? ¿Alguien compró el dólar a 16 pesos cuando el cambio estaba en 12 y feria?

Si las respuestas son negativas, Gil admite que alguien quiere jugarle muy sucio a Ebrard; si la mitad de las respuestas son positivas, la cosa en la casa Ebrard está que arde. En un trámite que duró 20 minutos, Marcelo Ebrard entregó un documento dirigido al presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

Oigan esto: “Dada esta intencionalidad política que yo identifico de origen en Los Pinos y en la Secretaría de Gobernación (...) a mí me queda claro que para inscribir el tema en el primer lugar de la agenda nacional en la inauguración del periodo ordinario se ve una intencionalidad política (...) y les voy a mostrar en el procedimiento que quieran que soy inocente”.

Hasta donde Gamés entiende, Ebrard es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Correcto, pero convertirse de la noche a la mañana en un perseguido político también constituye una rara presunción.

Gil concluye: cuando nadie le cree al gobierno hay que traer a una asamblea de notables; cuando una obra se hizo con las patas, hay que traer a los expertos para que disfracen al desastre de peritajes complejos.

La máxima de Kipling espetó dentro del ático de las frases célebres: “Siempre me he inclinado a pensar bien de todo el mundo: evita muchos problemas”.

Gil sen va.

Twitter: @GilGamesX

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