Opinión

Nos suben la nota y perdemos confianza

No hay duda que es una muy buena noticia que la calificadora Moody’s haya decidido subir la calificación de México un escalón y pasarla a un nivel de A3 desde Baa1.

Esto significa que la empresa calificadora considera que hay una mejoría en la capacidad de pago de los bonos de deuda soberana.

Hay que ser claros en que Moody’s no califica la salud general de la economía sino la calidad de la deuda. Hay referencias sólo a la situación general de la economía en la medida que ésta impacta –desde luego- la capacidad de pago.

La calificación actual estaba vigente desde el 6 de enero de 2005. Fue puesta todavía en el sexenio de Vicente Fox y derivó del crecimiento de los ingresos públicos que tuvo lugar en esa administración.

Pero, por 9 años, el dato no se movió, reflejo de que en el país no hubo ningún cambio significativo en ese lapso.

La revisión del día de ayer alude explícitamente al paquete de reformas estructurales que fueron aprobadas el año pasado, y específicamente al fortalecimiento de las finanzas públicas.

A la larga, esta mejoría en la calificación realizada por Moody’s se traducirá en que tanto el gobierno como el sector privado podrán conseguir crédito a menores tasas y eso a la larga, abaratará el financiamiento.

Sería mezquino no reconocer a este gobierno el esfuerzo hecho. El alza de calificación, tras 9 años, es muestra de ello.

Pero, ¡cuidado!.

Pocas horas antes de que Moody’s revelara su cambio de nota, el INEGI había dado a conocer las cifras de la confianza del consumidor.

El dato de enero reflejó una caída de 6.2 por ciento respecto a diciembre, con cifras desestacionalizadas.

Donde el descenso fue dramático, de más de 15 por ciento de un mes a otro, fue en el indicador que mide la capacidad de adquirir bienes de consumo duradero como los electrodomésticos. También la confianza empresarial bajó en 0.7 por ciento. Sin embargo, lo realmente alarmante es lo que pasa con los consumidores.

El arranque de 2014 es el de un año con una economía que todavía no responde. Apenas, poco a poco, se irá sintiendo el efecto de un mayor gasto público.

Pero, lo que ya se hizo manifiesto desde las primeras semanas es que la nueva realidad fiscal impone presiones tanto a personas físicas como a empresas.

Ya desde enero se tuvieron que pagar más impuestos, sobre todo los indirectos, como el IVA en la frontera o los IEPS.

En febrero, sobre todo los antiguos Repecos van a experimentar una carga fiscal mayor, así hayan entrado al Régimen de Incorporación, simplemente por el efecto de tener que pagar IVA.

Este cuadro de arranque de año complicado hace que la gente muchas veces se pregunte en dónde están los beneficios de las reformas estructurales, que produjeron la revisión al alza de la calificación crediticia del gobierno.

Y tenga la certeza de que no se verán en el corto plazo.

En este espacio le he explicado en otras ocasiones que las decisiones que están tomando el gobierno de Peña y el Congreso van a rendir frutos hasta después de un tiempo, en que se concreten, maduren las inversiones y tengan un efecto de contagio hacia el conjunto de la economía.

Lo peor que se puede hacer ahora es generar una expectativa que no va a poder cumplirse.

Por eso hay que tomar con frialdad la elevación de la nota que ayer comunicó Moody’s.

Hay que anticipar la historia económica que viene y que ofrece oportunidades que el país debe aprovechar, pero que quizás se vean reflejadas hasta después de este sexenio.

Este gobierno ha tenido la capacidad de producir reformas que van al fondo. Hay que cuidarse de caer en la tentación de pedirles frutos demasiado pronto.

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