Opinión

Nos dijeron que habían cambiado, que eran otros

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especial camarena

Frases que se repiten en estas horas: “Ellos son buenos empresarios, pero imagina las presiones”; “hay que entender que los tienen agarrados de los ‘destos’”, “imagina todo el negocio que está de por medio, era obvio que la iban a sacrificar”.

Uno se queda pensando: de ser el caso, ¿no era precisamente en momentos como estos, de presiones y definiciones, cuando esos hombres y mujeres de empresa –que no es lo mismo que decir “de dinero”–, muestran de qué están hechos?

El tema que tiene a la opinión pública en la verja de una nueva crispación debe analizarse actor por actor.

Empezar con lo evidente, con la superficie, dará pistas de las profundidades implicadas en este caso, no por cantado menos grave.

Lo decía muy bien Marguerite Yourcenar: “la vida es más compleja que todas las definiciones posibles; toda imagen simplificada corre el riesgo de ser grosera”. Por eso hay que intentar un análisis de las distintas raíces de esta situación deliberadamente creada.

Pero hemos de comenzar precisamente en lo más obvio, poniendo lupa a la mano ejecutora de un montaje cuyos capítulos están delineados en sendos comunicados, uno más falaz que el anterior.

Resultaría irrisorio contrastar cómo las promesas expuestas en esos comunicados eran atropelladas pocas horas después, bien por un nuevo boletín de la empresa que los emitía, bien por las acciones de la misma.

Irrisorio, sí, mas no trivial. Que una compañía que se dedica a la comunicación, que una concesionaria de un bien público no tenga empacho en deshonrar promesas que incluso pagó para que fueran publicadas en medios impresos, habla de una desesperación y de un cinismo propios de una guerra, donde la dialéctica es matar o morir.

Ganar esta lucha es crucial pues están de por medio libertades, ha dicho la periodista. La empresa en cambio minimiza la pérdida de credibilidad, los costos de la salida de la conductora y de su equipo, el desaseo de pasar por encima tanto del Ombudsman interno como de los derechos de las audiencias. La locutora piensa en una agenda pública, guste o no; los dueños, en los negocios. Esto último sería irreprochable si no estuviéramos hablando de dinero que se hace con la explotación del espacio público y, por increíble que suene, en nombre del público.

Otros actores pronto irán tomando el lugar que les corresponde en esta opereta.

Beneficiarios directos de que se haya silenciado ese espacio habrá muchos; sin embargo los autores intelectuales podrían haber errado en el cálculo de los alcances de esta decisión.

Iniciar un conflicto es mucho más sencillo que resolverlo. ¿Quién decidió que este era un buen momento para un mensaje como el que se está enviando? ¿A quién le conviene el manotazo? ¿Para quién es la lección?

El gobierno que admite de dientes para afuera, y sobre todo fuera de México, que hay un clima de incredulidad y desconfianza ¿opera?, ¿alienta?, ¿permite?, ¿tolera?, ¿premia? esta decisión. Elija cada quien el o los verbos que guste.

¿Reconocerán quienes creyeron en el “nuevo PRI” que todo es ya idéntico a los viejos malos tiempos?

Nadie cometa el error de creerse a salvo de lo que está ocurriendo. No es una periodista la que está en la picota, es la arbitrariedad la que hay que rechazar.

Otro siglo, pero ellos en lo mismo, en el pasado. Los empresarios y el poder.

Twitter: @SalCamarena

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