Opinión

¿Nos conviene ser la “nueva China”?

México será la “nueva China” en la industria manufacturera, dijo la semana pasada el mediático empresario Donald Trump.

No es la primera vez que se hace esa afirmación. Por lo menos desde hace dos o tres años varios personajes han hecho esa comparación.

Los datos son inequívocos. Las exportaciones manufactureras de México, con todo y los tropezones y crisis de este siglo, crecieron a una tasa anual media de 6.0 por ciento desde 2000 hasta 2013.

Este sector es, sin duda, el más dinámico de nuestra economía… por lo menos de la legal, como lo fue de China por muchos años.

Habría cosas buenas, sin duda, si nos convertimos en la “nueva China” pero también otras muy malas.

La principal entre las buenas es que ya quisiéramos que el mejor de nuestros años fuera como el peor de los chinos, que no les da pena hablar de su recesión cuando la economía crece “sólo” al 7 por ciento.

China es también la nación en la que se ha reducido en mayor grado el número de pobres en las dos últimas décadas. Literalmente, hay cientos de millones menos. Ya quisiéramos un cachito de ese logro.

Pero China tuvo muchos aspectos que no podemos envidiar nada. Por ejemplo, el hecho de que inició su boom manufacturero atrayendo inversiones al ofrecer un costo de mano de obra miserable. Para decirlo con todas sus letras: salarios de hambre.

México no puede apostar a la atracción de inversiones locales y foráneas con salarios que están por los suelos.

Tampoco es nada envidiable un Estado autoritario y con alta corrupción.

Obviamente hay que aprovechar nuestra geografía, que nos pone cerca del mercado más grande del mundo; la posibilidad de tener energía más barata y mejorar la competitividad de la industria. Pero, la base de una competitividad acrecentada no puede ser la de China hace 30 años, sino la de China hoy. Es decir, mano de obra altamente calificada, un mercado interno pujante, capacidad de innovación en las empresas y un empuje empresarial que ya lo quisieran los Estados más capitalistas del mundo.

Así sí se antoja ser la “nueva China”; con bajos salarios, ni pensarlo.

Se mueve

¿Ha visto usted en las películas cómo empezaban a girar las ruedas de las antiguas locomotoras? Al empezar a moverse parecían ir en cámara lenta, rodando lentamente y aumentando su velocidad muy gradual y trabajosamente.

Pues así parece que ha empezado a moverse el mercado interno de nuestro país.

Esta semana, varios indicadores nos permiten crear esa imagen.

La confianza de los consumidores creció 0.69 por ciento en mayo respecto a abril, y con ello acumuló ya cuatro meses de leves incrementos.

El indicador de confianza empresarial apenas se movió pero creció en .04 puntos en mayo respecto a abril.

En este indicador, el peor momento estuvo en noviembre y de manera lenta y titubeante se ha empezado a levantar.

Finalmente, en mayo, las ventas a mismas tiendas de Walmart, en términos reales, cayeron en 0.7 por ciento, pero en febrero la caída había sido de 4.8 por ciento.

Muy despacio, pero el mercado interno se mueve.

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