Opinión

No soy buen abogado: Medina Mora

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Manuel Medina Mora

De concretarse la selección de Eduardo Medina Mora para ocupar la vacante en la Suprema Corte de Justicia de la Nación habría que preguntarse si, por lo menos, la mayoría de Peña Nieto en el Senado optó por un buen abogado. Y la respuesta es que no.

Si el secretario de Seguridad Pública de Vicente Fox es honesto, tendría que decir a quienes lo seleccionaron que él no cumple el primer requisito profesional para ser parte del máximo tribunal de la nación. Eso, si nos atenemos a lo que el propio Medina Mora le dijo al embajador Carlos Pascual tras dejar la Procuraduría General de la República.

Según un cable que la embajada de Estados Unidos en México envió al Departamento de Estado (clasificado como 09MEXICO2759 por Wikileaks, que puede consultarse en www.wikileaks.ch/cable/2009/09/09MEXICO2759.html), Medina Mora habló con Pascual sobre su sucesor, Arturo Chávez Chávez, y esto fue lo que dijo: “él es un abogado, un buen abogado. Yo no. Soy un buen servidor público que salió de la inteligencia. Somos personas diferentes. Él traerá la capacidad jurídica que yo no tenía”.

¿Habría algo que agregar, luego de esa confesión?

Lamentablemente, en el caso de la persona seleccionada por Peña Nieto para ocupar la silla que dejara el fallecimiento del magistrado Sergio Valls, hay mucho que añadir porque la trayectoria de Medina Mora está marcada por la incompetencia y la parcialidad.

Se define el aspirante a ministro como alguien que “salió de la inteligencia” porque, efectivamente, estuvo a la cabeza del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), justo en la época en que comenzó a desmoronarse y a dar tropiezos sin tregua con el espionaje y fabricación de expedientes contra quienes consideraba sus enemigos políticos.

Más tarde tuvo el mando de la Policía Federal cuando se cometieron graves violaciones a los derechos humanos en Atenco y Oaxaca (y no lo digo yo, sino una resolución la Corte de la que Medina quiere formar parte); encabezó el ridículo monumental conocido como michoacanazo; hizo de la Procuraduría General de la República en una institución “desmantelada” y despojada de la confianza de la sociedad (de nuevo, no lo digo yo, pues lo dijo Jesús Murillo Karam al ser nombrado procurador); y, sobre todo, fue uno de los principales arquitectos –con Genaro García Luna– de la llamada “guerra contra el narcotráfico”, una estrategia verdaderamente criminal que le costó al país más de 100 mil vidas y que sigue siendo la causa de que millones de mexicanos vivan bajo el terror.

Eso sí, el procurador de Calderón fue muy activo en su afán de encarcelar inocentes como el caso de las indígenas Jacinata, Alberta y Teresa que por inverosímiles elementos salieron libres después de tres años. Utilizó testigos protegidos como único elemento para fincar delitos a adversarios. Y según los informes de la Agencia de Control de Alcohol, Tabaco, Armas y Explosivos de Estados Unidos, Medina Mora tuvo conocimiento y participó en el trasiego ilegal de armas a nuestro país, armas que fueron a parar al crimen organizado y con las cuales se asesinó a nuestros connacionales.

En un país con un Estado de derecho débil, donde el respeto a la ley brilla por su ausencia y con un desigual acceso a la justicia, que Medina Mora sea ministro de la Suprema Corte es una pésima noticia y causa indignación.

En una de las pocas cosas que Medina Mora no ha mentido a los mexicanos es en lo que toca a los costos de una estrategia que él y otros diseñaron, la llamada guerra contra el narcotráfico: “Será una guerra larga, costosa, difícil”, le dijo a El País en noviembre de 2008.

Y lo ha sido. Pero Medina Mora ha mirado la estela de muerte desde la comodidad de las embajadas en Reino Unido y en Estados Unidos.

¿Dónde está la congruencia cuando se propone para el máximo tribunal del país a uno de los arquitectos de una “guerra” que, según el gobierno actual, fue una estrategia fracasada?

Por eso les dicen que “no entienden que no entienden”.

Twitter: @Dolores_PL

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