Opinión

No siempre se han trabajado 40 horas semanales

 
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“La cuarta revolución industrial” está teniendo profundos efectos en las inversiones, en el empleo y en la distribución de la riqueza del mundo capitalista. Por eso fue el tema central del Foro Económico Mundial desarrollado en Davos la semana pasada.

Más que innovaciones tecnológicas en automatización de procesos industriales, esta “cuarta revolución” es un cambio de modelo económico que mucho contribuye al desconcierto económico global; la pérdida de dinamismo de China, del comercio exterior y de la caída de precios del petróleo y otras materias primas no son los únicos, ni quizás los factores más importantes del embrollo actual.

El cambio de modelo modifica las pautas de inversiones, de empleo y es causa importante de la concentración de la riqueza. Son fenómenos interrelacionados, aunque la clave para superar la crisis está en uno de ellos. Vamos por partes.

La automatización genera mayores ganancias con menor capital, lo que tiende a reducir el monto global de inversiones necesarias; por otra parte, es obvio que la automatización elimina puestos de trabajo.

Lo mismo ha sucedido por avances tecnológicos en otras épocas de la historia del capitalismo, pero al cabo de periodos de varias décadas, han surgido nuevas industrias con empleos más productivos.

Hasta ahora, sin embargo, la informática y la robótica han creado nuevas industrias pero han destruido muchos más empleos que los nuevos que se han creado; ¿es cosa de esperar el largo plazo?

Stephen Hawking, el físico y cosmólogo que comparte sus reflexiones sobre el capitalismo con científicos sociales de todo el mundo, no lo cree así. Para señalar tendencias, hace comparaciones como por ejemplo, que los tres grandes fabricantes de automóviles (GM, Ford y Chrysler), emplearon en 1990 a más de un millón de trabajadores y obtuvieron 36 mil millones de dólares en ingresos, mientras que Apple, Facebook y Google emplean actualmente a 137.000 trabajadores y tienen ingresos de más de un billón de dólares.

La desigualdad es otro de los aspectos del cambio de modelo económico guiado por los avances tecnológicos en informática y robótica. “La tecnología es la principal impulsora de los recientes incrementos en la desigualdad. Es el factor más grande”, dice Erik Brynjolfsson, profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts.

El problema clave no es sólo el reemplazo o eliminación de muchos empleos, sino la enorme brecha que se abrió entre los salarios de la clase media, que apenas crecieron entre 1973 y 2013 un 9,2%, y la productividad laboral que creció alrededor del 74%.

La concentración del beneficio de la mayor productividad laboral en corporaciones cada vez más grandes, explica en parte la tremenda concentración de la riqueza y del ingreso de los últimos 30 años en el mundo. El ingreso promedio en Estados Unidos es actualmente casi igual al de 1995, cuando esta “cuarta revolución” tecnológica despegó.

Las tendencias, dice Hawking, son dos: predomina la apropiación privada de la productividad ganada por la tecnología, lo que generará aún mayor desigualdad; la alternativa es provocar una mejor distribución de la riqueza y del ingreso.

En otras épocas, el capitalismo ha repartido mejor el ingreso generando más empleos al reducir la jornada laboral. No siempre se han trabajado 40 horas semanales.

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