Opinión

No se puede todo

  
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ME. Cinco consecuencias de la llegada de Trump.

La economía parece algo muy elemental, de manera que muchos creen que si las cosas no funcionan bien debe ser porque quienes toman decisiones son muy tontos o no quieren trabajar por la gente, es decir, sólo lo hacen en beneficio de sus intereses. Pocos perciben que cualquier decisión tiene repercusiones que no siempre son deseables. No voy a entrar ahora (otra vez) en el asunto del salario mínimo, sino que utilizaré un ejemplo del presidente electo Trump para ilustrar por qué conviene preguntar a los expertos, aunque ahora sean odiados por el público.

Donald Trump está convencido de que el comercio exterior ha jugado en contra de los trabajadores estadounidenses, de forma que hay que 'defenderlos' elevando aranceles. En alguna ocasión habló de 35 por ciento para México y 45 por ciento para China. Imaginemos que lo puede hacer (aunque lo dudo mucho). Ese mayor costo de las importaciones provocaría que se consumieran menos, de forma que la producción nacional podría crecer, y con ello los trabajadores que han sido dañados estarían en una mejor posición.

Al mismo tiempo, Trump ha insistido en que la infraestructura estadounidense es deplorable. En sus palabras, “es de tercer mundo”, de forma que ha anunciado que invertirá tres trillones (billones nuestros) de dólares en recuperarla. No sé si el famoso muro está incluido ahí.

Bueno, estas dos propuestas no pueden ocurrir simultáneamente. Invertir más en infraestructura significa que se requerirá financiamiento, que no viene de otro lado que del ahorro. Un país puede obtener ahorro de sus habitantes y empresas (ahorro privado), puede ahorrar el gobierno (ahorro público), o puede conseguir recursos del resto del mundo (ahorro externo). La suma de esos ahorros debe ser igual a la cantidad que se invierte, es un asunto contable. Si ahora se va a invertir más, se debe contar con un mayor ahorro. No hay razón alguna para que ese ahorro sea privado, en principio. No puede venir del gobierno, porque eso obligaría a tener un superávit, que Trump nunca ha planteado. De hecho, ha ofrecido reducir impuestos. Algunos creen que eso hace crecer más rápido la economía, y en algunos casos puede ocurrir, pero no es un efecto inmediato, de forma que, en principio, las cosas quedarían igual, o el déficit del gobierno crecería. O lo que es lo mismo, el ahorro público quedaría igual o se reduciría.

Así que el único ahorro con el que podría financiarse ese plan de infraestructura tendría que ser externo. Pero el ahorro externo debe ser igual al déficit en cuenta corriente. Es decir, el dinero que entra al país debe compensar el déficit que ocurre en las transacciones de bienes y servicios. Si el ahorro externo es mayor al déficit en cuenta corriente, se acumulan las reservas, se fortalece la moneda, y crecen importaciones y bajan exportaciones. Es decir, solita la economía obliga al déficit en cuenta corriente a ser igual al ahorro externo. Pero Trump quiere reducir el déficit en cuenta corriente, para eso ofreció subir aranceles.

Si Trump cumple su oferta de invertir fuerte en infraestructura, no podrá cerrar sus fronteras (es decir, el alza de aranceles no servirá). Si cumple la oferta de reducir importaciones para promover la industria nacional, entonces no tendrá recursos para invertir en infraestructura. Aunque quiera hacer las dos cosas al mismo tiempo, la economía se lo impedirá. Puesto que reducir importaciones no garantiza que haya más empleos, mientras que construir infraestructura sí puede tener impacto, y además se ve; lo lógico es que se vaya olvidando del tema comercial y se concentre en construir, que es lo que le gusta, dice él.

No sé si ya se lo explicaron, pero si no, no tardará en aprender.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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