Opinión

No satanizar la deuda

 
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El peso está absorbiendo todo el impacto de la popularidad de Trump

Uno de los consejos económicos del sentido común es no endeudarse. Es de corrección política aquella frase que dice que no hay que gastar más que aquello que nos permita nuestro ingreso.

Pues aquí el sentido común se equivoca. Una de las grandes palancas del desarrollo desde hace cientos de años es el crédito. Si las empresas y los gobiernos hubieran seguido el consejo del sentido común seguiríamos en el atraso.

El crédito permite usar hoy ingresos que vendrán en el futuro. La inversión es prácticamente inconcebible sin el crédito. Y, éste no es otra cosa que una manera diferente de denominar la deuda.

Lo anterior parece elemental, pero a veces se olvida y se convierte a la deuda en el gran villano.

Una cosa es la deuda excesiva y otra diferente es el uso inteligente y razonable del crédito. El problema es que a veces se confunden las dos.

La clave de una deuda razonable es que haya capacidad de pago. Y ésta no sólo depende del volumen sino del plazo y de los costos.

Quien haya comprado un inmueble a crédito sabe que si su deuda hipotecaria hubiera tenido que liquidarse a un año hubiera sido excesiva.

Pero si el plazo es de 15 años, entonces las cosas cambian.

Menciono lo anterior porque estamos en una coyuntura en la que es ‘deporte nacional’ criticar la deuda pública mexicana, sin examinarla con detalle.

La clave para que la deuda que tiene hoy el sector público mexicano sea razonable es que la economía pueda crecer en el futuro de manera sostenida.

Es un mito que haya un porcentaje más allá del cual la deuda sea impagable. Más bien la clave es que la economía desarrolle una capacidad de pago que supere el crecimiento de los pasivos.

Para ello se requiere inversión, sobre todo privada. Y para ello, una clave es la confianza. Más que la deuda, el pasivo que más nos debe preocupar es la acumulación de la desconfianza.

MUCHOS AÑOS Y MUCHAS HISTORIAS
Era el año de 1984 y El FINANCIERO tenía dos años y medio de haber empezado a publicarse. Yo tenía apenas unos meses de haber egresado de mis estudios de maestría en la UNAM y fui invitado por el profesor Clemente Ruiz y por Rogelio Cárdenas Sarmiento a participar en el equipo que elaboraría un Informe Financiero Trimestral, el cual aparecería como un suplemento en este diario.

Así comencé un recorrido, que como en muchas ocasiones en la vida, me regresó hace algunos años al punto de partida, a EL FINANCIERO.

En estas páginas se plasmaron épocas de tormenta y de agobio, pero también de alivio y esperanza.

Cuando uno voltea a ver al mundo de los medios, hoy encuentra que abundan aquellos en los que hay alguien relevante que estuvo en EL FINANCIERO en algún momento de su trayectoria.

Desde 2012, con Manuel Arroyo al frente, invirtiendo como muy pocos en esta industria y apostando por el talento de la gente, EL FINANCIERO ha adquirido nuevos bríos. Ha trascendido al medio impreso y se ha convertido en una empresa periodística multiplataforma, con alianzas internacionales de primer nivel y con un horizonte de crecimiento para los siguientes años y décadas, en las que seguirá contando las historias que transforman al país.

Gracias a usted, lector, por ser parte de esta historia.

Twitter: @E_Q_

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