Opinión

No regresaremos a la “normalidad”

Entre funcionarios públicos, banqueros y empresarios, he percibido el anhelo de que tras las vacaciones de diciembre regresemos a la “normalidad” que se nos fue ya hace algunas semanas.

Se quisiera que ya no hubiera protestas por los hechos de Iguala; que cesara el vandalismo que ha tomado estas protestas como parapeto; que se evaporaran las sospechas por el asunto de las casas de Grupo Higa (la de Lomas y la de Malinalco); que los precios del petróleo regresaran a 80 dólares por barril; que el dólar bajara de 14 pesos; que la Bolsa estuviera en 43 mil puntos; que no hubiera tenido que cancelarse la licitación del tren a Querétaro; que… le dejo a usted que agregue otros elementos que rompieron la “normalidad” que teníamos en los primeros días de septiembre.

Lo lamento. Esa “normalidad” se fue para no regresar.

Hay una nueva normalidad, ésta sin comillas, a la que tendremos que adaptarnos y acostumbrarnos como país, si queremos salir adelante.

Sólo le enumero algunos de sus rasgos, sin pretender ser exhaustivo.

1.- Los precios bajos del crudo los tendremos por un lapso largo. No se van a ir ni con las Posadas ni con el cambio de año. Vamos a verlos por bastantes meses. Nadie sabe en qué nivel podría estabilizarse, pero el crudo de 100 dólares no lo volveremos a ver, salvo que haya una crisis militar en Medio Oriente o algo parecido.

2.- La inestabilidad financiera, incluyendo los vaivenes del tipo de cambio, también los tendremos por un buen tiempo. Creo que habrá algunos momentos en los que se estabilizará el precio del dólar y estará más cerca de 14 que de 15 pesos, incluso al menudeo. Pero ayer la Fed no inoculó a los mercados de inestabilidad. La montaña rusa de las paridades allí estará.

3.- La ‘sociedad partida’ que tenemos va a hacerse presente, lamentablemente durante el proceso electoral de 2015. Ya entramos a la pista de la contienda electoral y la verdad es que, salvo que haya sorpresas, el “espíritu del Pacto” va a haberse quedado para la historia.

4.- El planteamiento de David Konzevik, en el sentido de que vivimos en una “sociedad desnuda”, va a hacerse cada vez más pertinente. Va a ser prácticamente imposible que los pecados del presente o del pasado (o las simples apariencias de pecado) puedan desaparecer. La clase política y aún las empresas, deben tenerlo presente y saber que es el mundo en el que vamos a vivir. No hay marcha atrás.

5.- Seguimos instalados en una transición que parece interminable pero que en verdad ha sido rápida: la de la sociedad cerrada y arcaica en muchas de sus prácticas a la de una sociedad abierta y democrática. Va a haber dolores y tropiezos, sin duda, pero también avances y motivos de fiesta.

Debemos ser conscientes de que la normalidad ya es otra. De que nos adaptemos a ella dependerá, como ha sido siempre, nuestra sobrevivencia y desarrollo.

Pero de que el pasado, como lo conocimos, ya no regresará, de eso no hay duda.

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