Opinión

¡No manches!

   
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¡No manches! Fue la expresión de Andrés Manuel López Obrador frente a las comparaciones que se hacen de él y Trump, afirmando que son iguales. Con esa jocosa expresión de sorpresa, AMLO dice no ser comparable al candidato republicano, aunque el resto de su mensaje sea, otra vez, el que hay una mafia del poder en su contra. En esta ocasión, formada por Salinas, Calderón, Claudio X. González y sus achichincles (sic). No creo que sea necesario decir que obviamente no son iguales Trump y López Obrador, pero sí comparten varias características, que podemos revisar rápidamente.

Primero, ambos son populistas en cuestión electoral. Como ya lo comentamos aquí hace un año ('Populismo', 5-X-15): Albertazzi y McDonnell (en su libro Twenty-First Century Populism: The Spectre of Western European Democracy, 2008) definen el populismo como “una ideología que enfrenta un pueblo homogéneo y virtuoso contra un conjunto de élites y ‘otros’ dañinos, que se describen como quienes privan (o intentan privar) al pueblo soberano de sus derechos, valores, prosperidad, identidad y voz”. A diferencia de otras ideologías, el populismo no promete una utopía, sino el regreso a una imaginaria comunidad. No se orienta al futuro, sino al pasado, y apela por ello a sentimientos profundos de la población. En este tema, Trump insiste en que hay que “hacer grande a América otra vez”, mientras AMLO promete regresar a los valores del nacionalismo revolucionario, incluso ofreciendo reinstaurar la Constitución del 17 en su versión original.

Segundo, ambos son antisistema, en parte por esa necesidad de definir un enemigo de sus seguidores como algo coherente y homogéneo: la 'mafia del poder' para AMLO, el 'sistema corrupto' para Trump. También se parecen en la forma de comunicarse, como afirmaba el viernes el colega Sergio Negrete: “Las mentes de ambos personajes producen respuestas tan rápidas y fáciles como equivocadas. Su fascinación son las cámaras y los micrófonos para pontificar. Son alérgicos al estudio y el detalle; lo suyo son delirios que presentan como soluciones. Son mentes limitadas a las que encantan las puertas falsas, porque les aburre el largo camino que implica analizar alternativas necesariamente complicadas”.

Pero no son idénticos, obviamente. También el viernes pasado el colega Salvador Camarena hacía notar que “AMLO no se parece a Trump en que el primero quiere una redistribución de la riqueza y el segundo privilegios para los ricos”, aunque en realidad esas ofertas son también resultado de su punto de referencia: el nacionalismo revolucionario de AMLO, el “hacer grande a América otra vez” de Trump.

En suma, ambos candidatos son populistas, antisistémicos e ignorantes, pero grandes comunicadores. Cada uno ofrece a sus votantes lo que cree que quieren, y han logrado sumar a sectores amplios de la población, pero su núcleo duro está formado por creyentes, no por votantes. Creyentes que pueden incluso ser miembros de la élite intelectual, cultural y económica de sus países: académicos, consultores, actores y millonarios (que AMLO también tiene).

Ese núcleo duro es, además, muy agresivo. Ya alguna vez le comenté que los únicos ataques e intentos de censura que he recibido en mi trabajo periodístico provienen de seguidores de AMLO, y las respuestas que llegan por artículos como éste lo refrendan, como podrán atestiguar Negrete y León Krauze después de sus artículos del fin de semana. Es más, opinar sobre AMLO refleja, según sus seguidores, una obsesión por el personaje, y no la atención a un político igual a los demás. Porque ya lo vimos con la 3de3 ('Como todos', 17-VIII-16), López Obrador es un político más. Eso es lo difícil de aceptar, según parece.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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