Opinión

No hay plan B

  
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¿Podría cancelar Trump el TLC?

La posibilidad de que Trump gane la presidencia de los Estados Unidos y abrogue el TLC es real. Aunque, por el momento, las encuestas muestran que su victoria es poco probable (12 por ciento, según The New York Times). Pero las intenciones de voto aún pueden sufrir un giro radical.

Quienes se atienen al sistema de pesos y contrapesos, como valladar a Trump y su propuesta, deberían considerar que en el interior del partido demócrata están agrupadas corrientes proteccionistas (los sindicatos) y que el sorpresivo éxito de Bernie Sanders se debió, en buena medida, a su denuncia del TLC. Así que Trump podría contar con el apoyo de esas fuerzas.

Ahora bien, aunque Trump no gane la elección, él y Sanders ya lograron derrotar al TTP (zona de libre comercio del Pacífico). Hillary Clinton declaró su oposición formal a ese acuerdo, a pesar de que Obama y ella misma, como secretaria de Estado, fueron sus impulsores.

El punto, sin embargo, está en otra parte. En México no existe un plan B en caso que el TLC se cancele o se complique. No sólo eso. Las consecuencias para nuestra economía serían catastróficas. A lo largo de 22 años se ha tejido una relación extremadamente compleja de las cadenas de producción, inversión y comercio.

Pero ese entramado, que igual podría describir el caso de la Unión Europea, tiene un sello adicional: la enorme asimetría de la relación entre un elefante (EU) y un ratón (Mx). Por eso, el fin del TLC tendría un impacto menor en Estados Unidos, pero sería demoledor para nosotros.

El cierre, o incluso la sola amenaza de cierre de las fronteras, tendría un efecto inmediato en todo tipo de inversión, porque los flujos de capital estadounidense, europeo y oriental buscan, justamente, la plataforma para exportar a EU.

De ahí la pertinencia de recordar las experiencias anteriores. La crisis de 1994-95 fue devastadora y compacta. Caída bestial, recuperación casi inmediata. Y eso se debió a la entrada en operación del TLC. A partir de entonces empezó a funcionar el nuevo modelo con resultados notables: las exportaciones de México a EU y Canadá pasaron de 53 mil millones de dólares en 1993 a 319 mil millones en 2015.

Ahora, la situación sería radicalmente distinta. La crisis sería desatada por la abrogación del TLC y afectaría los flujos de inversión (capital productivo y financiero) y comercio, con el consecuente efecto sobre el precio del dólar. El riesgo mayor estaría en reproducir, toda proporción guardada, el círculo vicioso de 1982: devaluación-inflación-devaluación... Esa espiral nos llevaría a una situación insostenible. Con otro agravante: el impacto sobre los bancos sería mayor, ya que tendrían serios problemas para recuperar sus carteras vencidas.

Por lo demás, no hay en el horizonte –ni en el mundo occidental u oriental– un espacio al que pudiera reorientarse el potencial exportador de la economía mexicana. Y menos aún, en el contexto de un estancamiento global.

Sobra señalar que una crisis de tal magnitud tendría efectos desastrosos en el ámbito social y político. Todo esto puede sonar apocalíptico, pero es real. El modelo económico implantado durante los gobiernos de De la Madrid, Salinas y Zedillo sería radicalmente cuestionado.

El problema está en que la ausencia de un plan B no se explica por una falla del gobierno actual, que no se habría ocupado de diseñarlo, sino por una imposibilidad estructural. Así que para decirlo en palabras llanas: estamos en un callejón sin salida. No hay herramientas ni instrumentos para reorganizar el modelo económico.

Paradójicamente, nuestra mejor defensa es de naturaleza geopolítica: ningún político racional y responsable puede jugar a desestabilizar un país vecino con una frontera de 3 mil kilómetros. Pero esa protección será efectiva sólo y en tanto prevalezca la prudencia y la racionalidad.

De manera tal que si los hados y la historia nos sonríen y Trump no gana la elección ni pone en cuestión el TLC, nos habremos librado, por esta vez, de la catástrofe. Pero la asignatura pendiente seguirá allí. Porque la asimetría de la relación nos pone en una situación de absoluta desventaja.



Twitter: @sanchezsusarrey

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