Opinión

No fue el Estado

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Marcha por Ayotzinapa del Ángel a Los Pinos. (Eladio Ortiz)

Lo primero que resulta inexplicable en el informe final del GIEI y sus recomendaciones a la PGR, es por qué no piden la liberación de los detenidos en el caso Ayotzinapa si fueron torturados para construir una historia falsa de ese crimen.

Curioso, por decir lo menos, que no lo hagan. No lo recomiendan porque ellos y los padres de los 43 normalistas saben que los detenidos fueron los autores intelectuales y materiales del crimen.

Según los argumentos del GIEI, deberían salir de prisión todos los cabecillas del cartel Guerreros Unidos y autoridades perredistas de Iguala, porque la historia del crimen que narra la PGR “no se sustenta” y las confesiones fueron arrancadas bajo tortura.

El GIEI sabe que las autoridades de Iguala ordenaron ese secuestro, y que policías municipales, junto con otros de Cocula, entregaron a los normalistas a los sicarios de Guerreros Unidos. A ver, digan que no es verdad.

Señala el GIEI en sus recomendaciones que la PGR debe “cambiar su narrativa” sobre los hechos del 26 y 27 de septiembre de 2014. ¿Por cuál?

¿Cuál es la narrativa del GIEI sobre el secuestro de los estudiantes, que investigaron durante más de un año al costo de dos millones de dólares más viáticos?

No tienen esa narrativa alterna a la de la PGR porque saben que eso fue lo que pasó: los normalistas fueron entregados, por autoridades de Iguala, a sicarios de sus socios en ese emporio político-criminal, Guerreros Unidos, que los mataron.

¿Por qué desdeñaron el tercer peritaje en el basurero de Cocula, en el que científicos de verdad determinaron que ahí hubo un incendio de grandes dimensiones en el que fueron calcinados “al menos” 17 seres humanos?

Lo descartaron de un plumazo porque ese peritaje, junto con el de expertos mexicanos en fuego, echaba abajo su consigna política de acusar al Estado del crimen.

No, no fue el Estado, sino un grupo político criminal que gobernaba en Iguala y en Guerrero. Por cierto, nada dicen del gobierno guerrerense.

En sus recomendaciones piden investigar a los propietarios de los autobuses secuestrados en Iguala. ¿Cómo está eso? A las víctimas del constante robo y saqueo de su patrimonio por parte de los normalistas, ¿hay que investigarlos?

Ese discurso es ideologizado y clasista: los ricos que son dueños de autobuses deben ser investigados por los robos que perpetraban los pobres normalistas.

Desastrosa recomendación.

Plantea el GIEI que se deben evitar las formas de victimización de los familiares de los normalistas. ¿Quién los ha victimizado? Salvo su abogado, Vidulfo Rosales, que se refirió a ellos como “indios piojosos”, no hay una sola línea que conduzca a delitos de los normalistas.

Lo anterior, obviamente, es un error. Los estudiantes iban a botear y robar camiones a Chilpancingo –muy cerca de Ayotzinapa– y les desviaron la ruta a Iguala, que está a más de dos horas de la Normal.

¿Quiénes y por qué los mandaron a la boca del lobo de Guerreros Unidos? Los líderes y directivos de la Normal de Ayotzinapa no pueden ser intocables, pero lo han sido para la PGR en virtud de un acuerdo con los padres, y lo son para el GIEI porque son de la misma tendencia ideológica y buscan lo mismo: acusar del crimen al Estado, por una razón política, aunque sepan que esa no es la verdad.

Por eso quieren que se vaya Tomás Zerón, que es el único que se ha atrevido a decirle la verdad al GIEI, que “juzga con hipótesis”.

Y si cae Zerón –lo que no es improbable, dado el temor que le tiene el gobierno al GIEI–, habrán dado un paso decisivo para “confirmar” que, en efecto, fue el Estado.

Twitter: @PabloHiriart

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