Opinión

No es sangre para la tribuna

El director de una importante casa de bolsa me comentó recientemente lo siguiente: “Hasta hace dos o tres semanas, los clientes extranjeros que tenemos no preguntaban por el tema de la seguridad”.

Seguía: “Aunque el asunto ya dominaba la agenda pública mexicana, muchos de los inversionistas extranjeros que colocan sus fondos en México, no lo tenían como un tema de especial relevancia, a pesar de que ya hubiera numerosos artículos en la prensa internacional.

“Sin embargo, las cosas han empezado a cambiar –me aseguraba– pues desde los primeros días de diciembre se ha convertido en un tema sobre el que ya preguntan regularmente los inversionistas”.

Esto quiere decir que la preocupación por la seguridad en México ha rebasado el ámbito de las personas bien informadas, que revisan el WSJ o The Economist, y ha empezado a desbordarse al tipo de personajes que se informan sólo a través de la televisión y que no siguen al detalle las noticias.

El asunto ha dejado de ser una burbuja que tarde o temprano se va a desinflar y se ha convertido en algo más duro, más persistente.

Es poco probable que esa sea la razón principal de la depreciación del peso, pero no descarte usted que algún ingrediente ya esté influyendo.

Los propietarios extranjeros de títulos financieros en México tenían, antes de que empezara la tormenta, el equivalente a 172 mil millones de dólares aproximadamente. Esa cifra ya quedó en 160 mil millones.

Es decir, ya perdió valor su tenencia por el efecto de la depreciación de nuestra moneda.

Ese comportamiento, que en su mayor parte se deriva de hechos ajenos a la dinámica interna del país, hace voltear los ojos hacia adentro de México pues a nadie le gusta perder, como les ha pasado a los inversionistas foráneos.

Como es poco probable que en el corto plazo la situación financiera mejore dramáticamente, entonces más le valdría al gobierno tener respuestas con efecto de inmediato.

Como se ha dicho en diversos espacios y tonos: el decálogo propuesto por el presidente tiene pertinencia prácticamente en su totalidad, pero cambiará muy poco en el corto plazo.

Además, y no en lugar de, se requieren acciones que le digan a los inversionistas que ahora ya están preguntando, que el Estado mexicano tiene capacidad para garantizar la seguridad jurídica y física de los que viven o tienen presencia en México.

Pareciera existir la idea de que hay una dicotomía entre los cambios estructurales y de fondo con las acciones inmediatas, que pueden tener un mayor alcance mediático.

La historia ofrece numerosas lecciones de cómo se combinan las acciones que tienen un efecto relevante en las expectativas, con otras que, a la larga cambiarán la realidad.

El régimen de Carlos Salinas fue notorio en esas estrategias. Metieron a la cárcel por defraudación fiscal al cantante Laureano Brizuela, lo que tuvo un impacto mediático, al tiempo que se preparaba una reforma que cambiaba los parámetros de la fiscalización en México, con efectos de largo plazo.

No es que la tribuna pida sangre, lo que se requiere son acciones concretas que cambien las expectativas de extranjeros y mexicanos.

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