Opinión

No es para menos

 
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México

La única defensa de México frente a la política estadounidense, es dar forma a un proyecto propio que estuviera a cargo de un sistema político legítimo y confiable en su institucionalidad.

Es una condición de soberanía elemental que se abandonó desde el gobierno de Carlos Salinas, cuando se repetía que sin Estados Unidos México “no la haría”; los gobiernos priistas y panistas sucesivos se han atenido a lo mismo, inclusive al desdén de la dimensión cultural de nuestra convivencia al grado de que ya para nadie es clara una idea de nación.

Querer ser como los estadounidenses no es viable, ni es sano y ahora menos que nunca.

De ahí la significación de los datos de la encuesta de Latinobarómetro 2017 que dicen que en el primer año de gobierno de Trump, la opinión de los mexicanos favorable a EUA como país cayó de 77 a 48 por ciento, y que subió de 15 a 61 por ciento la opinión de que las relaciones de nuestro país con Estados Unidos nos son desfavorables (El Financiero, 8 de noviembre, 2017).

Es lo menos que podía esperarse después de las majaderías y hostilidad de Trump contra nuestra nacionalidad, pero más importante es que la encuesta refleja una opinión pública favorable a la revisión de nuestra idea de nación sin el objetivo de la plena integración a EU, siempre inviable pero ahora, además, brutal por lo que Trump personifica.

Trump está en el poder porque representa la politización de una mentalidad que había empezado a desarrollarse en el escenario estadounidense mucho antes de que él apareciera. No falta quien identifique esa mentalidad como proto-fascista.

Sin ninguna práctica en el ejercicio de la razón y sin ningún deseo de aprender, Trump representa muy bien a unos 60 millones de estadounidenses que no quieren ser agobiados con valores intelectuales o espirituales. No quieren otra cosa más que creer ciegamente y seguir a un líder carismático que conecte con su miedo y con sus deseos de poder.

El mérito de Trump no es haber creado esa masa de personas temerosas, sino el saber estimular su enojo, resentimiento y agresividad mediante el vilipendio y el odio que descarga contra chivos expiatorios: sus blancos predilectos son los liberales, que en el lenguaje político de EUA es “la izquierda”, como la que representa Barack Obama; también las élites burocráticas y no porque las representara Hillary Clinton, sino porque están convencidos de ser sus víctimas.

Y ni para que repetir lo que dice y hace contra México; para mantener el miedo de sus seguidores cercano al terror son las bravuconadas a Corea del Norte, pero no olvidemos que el trumpismo ve terroristas musulmanes asociados a los narcotraficantes mexicanos.

Vivimos tiempos de urgencia, internos muy graves de ingobernabilidad creciente, instituciones rebasadas, corrupción, violencia y desconfianza social; los externos representados por los trazos fascistoides de Trump y seguidores.

Debemos pensar la nación en lo político, en lo económico y en los valores de identidad cultural que restablezcan un mínimo de cohesión social y despierten el entusiasmo colectivo por la trayectoria compartida.
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