Opinión

No es 'bullying'

 
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EPN

El lunes en el Sexto Foro Nacional Sumemos Causas por la Seguridad, el presidente Enrique Peña Nieto acusó a la sociedad civil de hacer bullying a las instituciones del Estado mexicano por el trabajo que hacen. Si bien podría sonar a una frase más, sin mayor trascendencia, revela las tensiones que existen entre las organizaciones de la sociedad civil y el gobierno, prácticamente en todos sus ámbitos.

De entrada, no me gusta la expresión 'sociedad civil' ni me parece pertinente asumir que el término representa a una sociedad tan diversa como la que tiene el país. Pero las organizaciones a las que el presidente se refiere —ONG o think tanks—, cada una especializada en diferentes temas, llenan un vacío de información y propuestas. Así es en todos lados, los think tanks analizan y proponen. México no es, ni debería ser, la excepción. La función de estos organismos es estudiar, sugerir, criticar y, en algunos casos, exigir acciones.

Cuando el presidente habla de bullying se equivoca. El bullying implica una relación asimétrica de poder, además de una conducta repetida en el tiempo. Sin duda, el balance de poder es distinto entre el gobierno y estas ONG, pero no en el sentido al que se refiere el presidente. En todo, caso el poder está de su lado.

Hoy, en México, diversas organizaciones dan información que es difícil de obtener en fuentes públicas, hacen análisis y proponen políticas públicas para solucionar temas tan diversos como equidad de género, violencia, competitividad o desarrollo económico.

México ¿cómo vamos? da información económica de forma sencilla y clara para contribuir a un mejor entendimiento de lo que pasa en el país. Toda la información proviene de fuentes públicas, pero hay un gran desconocimiento de la misma, sobre todo a nivel regional. El papel que Mexicanos Primero ha jugado para desenredar la madeja de complejidades de nuestro sistema educativo nos ha permitido ver con más claridad la magnitud del rezago e incidir en políticas encaminadas a mejorar la educación de los niños. El Observatorio Nacional Ciudadano ofrece información para un mejor entendimiento de las condiciones de seguridad, justicia y legalidad del país. El Imco se especializa en temas de competitividad, pero también ha abarcado temas relacionados con la corrupción.

Transparencia Mexicana nos da estadísticas de corrupción y sugiere políticas públicas para disminuirla.

El trabajo que acaba de presentar Datacívica es digno de mención. El equipo de Datacívica, entre ellos Mónica Meltis y José Merino, se dio a la tarea de ponerle nombre y apellido a miles —tristemente miles— de personas desaparecidas. En mi concepción, una de las labores fundamentales del gobierno es la de saber quiénes son los desaparecidos. No sólo cuántos, no son un número, son personas. Ese grave vacío, que además deja un amargo sabor a impunidad, lo llenó Datacívica.

Le dieron nombre a casi 32 mil personas, hombres y mujeres, que han desaparecido en el sexenio de Felipe Calderón y en lo que va de la administración actual.

Es importante reconocer los logros de las instituciones públicas. Sin embargo, éstas no deben de esperar halagos por el cumplimiento de su trabajo o estar buscando piropos y ofenderse al no recibirlos. Escuchar la crítica no es fácil, pero es el deber de quien gobierna. ¿No se supone que nuestros gobernantes nos representan? ¿No se supone que deberían de oír los reclamos y actuar en consecuencia? La sordera de hoy es alarmante. Los escándalos de corrupción no cesan, la inacción al respecto ya se volvió rutina, la violencia aumenta. El desdén a las instituciones se hace notorio.

Sí, hay avances, hay logros, hay que ver el vaso medio lleno y darnos cuenta de que sí hay cosas positivas. Pero no hay que hacer oídos sordos a los reclamos que vienen no sólo de la percepción, sino de la realidad.

El gobierno debería de hacer de estas organizaciones —llamadas de la sociedad civil— un aliado. Dar información, analizar, exigir no te debería de convertir en enemigo. Claramente hay hartazgo en ambas partes.

Las organizaciones sienten que el gobierno no escucha y el gobierno está harto de ser señalado. Quizá sería tiempo de sentarse a conversar, pero verdaderamente oyendo y no únicamente buscando descalificar a la otra parte. Tal vez haya acciones que se están haciendo en las instituciones públicas que no han sido correctamente comunicadas. Seguramente algunas de las propuestas que hacen las ONG o los think tanks sean viables. Si sólo hubiera disposición a escuchar, todos podrían aprender.

Twitter: @ValeriaMoy

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