Opinión

No basta con que Nuevo León se salve

Visto desde Monterrey, hoy Iguala queda muy lejos, mucho más distante de lo que señalan los mil 56 kilómetros que separan a estas poblaciones. Y si uno se atiene a las versiones oficiales, en los próximos meses y años lo más probable es que la brecha entre la realidad de ambas ciudades se amplíe aún más. Vale la pena recordar algunas de las cosas que hace no tanto tiempo ocurrían en Nuevo León para intentar alguna idea de ruta de salida a la tragedia de Guerrero.

Me ha tocado asistir a tres informes de gobierno de Rodrigo Medina. La primera vez fue en 2010. El entonces débil gobernador Medina mal pudo terminar su discurso en el Palacio de Gobierno, pues mientras daba su mensaje la zona metropolitana fue secuestrada por una decena de narcobloqueos. Entonces se llegó a decir que Medina no terminaría su mandato. Cuatro años después, en Nuevo León se respira un ambiente muy distinto.

Con algunas pocas cifras Jorge Domene, durante mucho tiempo cara del gobierno neoleonés en materia de inseguridad, ilustra el cambio de la situación. “En los primeros quince días de octubre ha habido tres homicidios de los que son comúnmente conocidos como ejecuciones. Antes eran siete cada día”, dice el funcionario antes de tocar madera para no tentar al destino. El gobernador, por su parte, aseguró en su informe que los asesinatos de este tipo han bajado 75 por ciento desde 2011. “Hemos sido duros al aplicar la ley, eso espera la gente de un gobernante: mano dura contra quienes nos hacen daño’’, dijo Medina el miércoles en el Teatro de la Ciudad y recibió una ovación.

Sabido es que la baja de la criminalidad se atribuye a la creación de la policía estatal Fuerza Civil (y a que los narcos ya no se disputan abiertamente el estado). La Policía que es hoy un referente nacional está compuesta de cuatro mil 200 elementos, que cuentan con un robusto paquete de prestaciones. Están bien armados, nunca patrullan solos (siempre van dos unidades y en cada una de ellas hay cinco policías, dispuestos de tal manera en las camionetas que logran visión 360 grados). Tienen una rotación de apenas 3.0 por ciento.

Pero la mejora en seguridad de Nuevo León, y el gobernador lo subrayó en el informe, no sólo surgió gracias a mejores policías, a una reforma a la Procuraduría, al apoyo federal o a que el gobierno estatal se puso las pilas. Fue, sobre todo, un esfuerzo en el que tuvieron que ver la ciudadanía y los empresarios. Ese esfuerzo incluyó financiamiento directo de la IP a iniciativas gubernamentales y ciudadanas en favor de la seguridad, y a la imposición de un gravamen especial de uno por ciento en nóminas.

La batalla no está ganada. Ayer la prensa daba cuenta de una ejecución en un campo de futbol de Apodaca; y falta mucho para que se haga justicia a tantos muertos de estos años. Pero Nuevo León parece estar a punto de volver a ser lo que era, una entidad que marcha a un ritmo distinto al de muchos estados de México, una que ahora quiere convertirse en la capital de la reforma energética.

A nuestro país no le basta con que Nuevo León se salve. El discurso modernizador de Enrique Peña Nieto quedó enterrado en Iguala. Nuevo León no podrá avanzar lo suficiente mientras otras entidades sigan atoradas. Para mover a México hacia la seguridad se requerirá de un liderazgo nacional que junto con una ciudadanía activa construya instituciones dignas de ese nombre. Hora de empezar de nuevo en esta materia.

Twitter: @SalCamarena