Opinión

Nicaragua

  
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Daniel Ortega

La derrota y expulsión de la familia Somoza en Nicaragua, hace casi 40 años, fue una gran noticia. La dictadura de Anastasio padre, Luis y Tachito, que superó las cuatro décadas, fue vencida por los sandinistas, un grupo armado que usaba como referencia a César Augusto Sandino, líder campesino, asesinado por el primer Anastasio.

Sin embargo, los sandinistas no parecen ser mucho mejores que aquéllos que desplazaron. Llevan ahí ya un periodo similar a los Somoza (aunque no siempre en el poder), mantienen a Nicaragua en niveles de pobreza incluso superiores a los de la dictadura previa, y no piensan dejar el poder. Para mantenerse, han ido acabando con las libertades en ese país. Es cierto que hubo elecciones democráticas, pero en cuanto pudieron, regresaron y han cerrado ese camino.También en eso se parecen a los Somoza. En 1947, bajo presión estadounidense, Somoza padre permitió el triunfo de Leonardo Argüello, pero pronto encabezó un golpe de Estado en su contra.

El actual hombre fuerte de Nicaragua, Daniel Ortega, ha gobernado ese país en dos largas ocasiones: de 1979 a 1990 y desde 2006 a la fecha. Apenas son 21 años, dirá usted, y ha llegado al poder mediante elecciones. Pero eso no ha sido así siempre. Apenas en 1990 hubo de verdad una elección competida, y la perdió, y su regreso al poder no creo que pueda considerarse un ejemplo de elecciones. En cualquier caso, lleva 21 años, y piensa perpetuarse haciendo uso de su familia, de la fortuna que ha amasado en este tiempo y de la corrupción que campea en Nicaragua.

El caso del sandinismo permite recordar cómo las revoluciones socialistas han tenido como resultado dictaduras más largas que las que quitaron. El paradigma debe ser Cuba, en donde la dictadura de Fulgencio Batista (hombre fuerte de 1940 a 1944 y de 1952 a 1959, 11 años) fue sustituida por la de los Castro, de 1959 a la fecha, 57 años. Por cierto, Cuba era en 1959 uno de los países con mayor ingreso por habitante, y mejor nivel educativo y de salud de América Latina.

La sustitución del zar Nicolás por los zares Lenin-Stalin-Kruschev-etcétera es otro ejemplo interesante. La ausencia de desarrollo político en ese largo periodo se refleja en el actual zar Putin. En China, lo mismo, a la dinastía Ching le sucedió la comunista, con Mao y luego Deng, y ahora el emperador XI.

Es decir: las revoluciones ocurridas durante el siglo XX, empezando por la soviética y terminando con la nicaragüense, dieron como resultado sistemas autoritarios muy parecidos a los que removieron. En ningún caso produjeron desarrollo económico notable, pero sí estancamiento político. Por ello, cuando han sido desplazadas, parecería que no hubiera ocurrido nada, si no fuese por un adoctrinamiento casi religioso que creo que sólo superamos en México, con nuestro nacionalismo revolucionario.

Es evidencia abrumadora, me parece, del terrible error del siglo XX, la apuesta por las utopías de izquierda. No funcionaron, pero sí costaron millones de vidas. El que todavía haya quien quiera repetir el experimento es patético. Y también lo es la insistencia en que esas revoluciones no funcionaron, pero su inspiración, Marx, sigue vigente. La fuerza que tienen todavía las creencias marxistas en las ciencias sociales, especialmente en las universidades (de México y del mundo) es algo sorprendente, puesto que nada hay en los escritos de Marx que sea utilizable. Hace cien años Böhm-Bawerk lo mostró en el aspecto económico, y hace cuarenta Leszek Kolakowski en buena parte de lo demás.

Para ser proponentes de una vida mejor, Marx y los marxistas le han salido carísimos a la humanidad.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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