Opinión

Ni mal ni bien

El golpe de la Gran Recesión de 2009 en Estados Unidos fue duro. Apenas ahora alcanzan una producción industrial similar a la que tenían antes de la caída, en 2007. Y en empleo están todavía muy lejos de los niveles de entonces. Para nosotros, que les vendemos, también han sido malos tiempos. Menos malos, porque logramos aumentar nuestra participación en el mercado vecino, aunque sea un poco. En 2007 producíamos el equivalente a un octavo del número de autos vendidos allá. Para 2011 ya producíamos el equivalente a un quinto. En números, pasamos de 2 a 3 millones de autos producidos en México en estos siete años.

Pero desde 2011 el ritmo al que crecían las ventas de autos empezó a disminuir, y con él, el de las exportaciones totales, aunque en ese año nuestra otra gran exportación, el petróleo, compensaba un poco esa caída. En 2012, las exportaciones de petróleo no sólo dejaron de crecer, sino que se contrajeron: 5 por ciento en ese año, y 10 por ciento en 2013. En la suma, las exportaciones totales de México a Estados Unidos, que crecían 14 por ciento en 2011, crecieron sólo 6 por ciento al año siguiente, y 1 por ciento en 2013.

El 26 de diciembre de 2011 se publicaron nuevas reglas de operación para los programas de construcción de vivienda en México, incorporando un sistema de puntos para desalentar desarrollos alejados de los centros urbanos. En ese momento, la edificación en México crecía al 6 por ciento. Un año después, lo hacía al 4 por ciento, y durante 2013 se desplomó hasta tener una contracción de 8 por ciento.

En diciembre de 2012, el gobierno entrante propuso para 2013 un presupuesto idéntico al del año que terminaba, de forma que, en términos reales, el gasto del gobierno tuvo una contracción de 4 por ciento durante el año pasado.

Cuando uno suma todo lo anterior, sorprende que la economía mexicana no se haya contraído durante 2013: se estancaron las exportaciones, se redujo el gasto del gobierno y se desplomó la construcción. Aunque hubo meses con ligeras caídas, en la comparación anual la actividad nunca decreció. Incluso en estos primeros meses de 2014, el impacto negativo de la reforma fiscal no ha sido suficiente para enviarnos definitivamente a zona de contracción.

En una visión más amplia, de poco sirve la sorprendente resistencia de la economía. Hay que sumarle un par de años más a las varias decenas en las que crecemos, en promedio, un par de puntos anuales. Apenas suficiente para que el ingreso por habitante no se contraiga. Seguimos estando un poco arriba del ingreso promedio mundial, y por lo mismo del de Brasil o China, pero eso tampoco es un gran consuelo.

La razón de este estancamiento de largo plazo, estoy convencido, es que nuestra economía ha estado muy cerrada y concentrada. Así fue durante todo el siglo pasado, y por eso nos fue tan mal. Sólo Argentina tuvo un peor siglo XX que nosotros. La economía mexicana será exitosa conforme logremos que haya competencia. Por eso las reformas son importantes, pero insuficientes.

La competencia, al final, sólo necesita reglas claras y parejas para todos, pero eso es muy difícil de lograr: Estado de derecho, oportunidades para todos, derechos civiles y políticos. Sin eso, seguiremos con nuestro 2 por ciento otro siglo más.