Opinión

Ni hablar, deberemos trabajar hasta los 70

28 noviembre 2013 5:2

 
Si usted tiene 65 años en la actualidad y es hombre, su expectativa promedio de vida es de 17 años aproximadamente. Es decir, es probable que llegue a vivir hasta los 82 años.
 
 
Si es mujer, su expectativa es cumplir los 84 años.
 
 
Pero para la mitad de este siglo, las cosas van a cambiar. Los hombres que lleguen a los 65 años tendrán la expectativa de cumplir los 87 y las mujeres, de llegar a los 90 años promedio, de acuerdo a los datos del más reciente estudio de la OCDE sobre las pensiones.
 
 
Salvo que algo inesperado ocurra, tendremos en México una población mucho más longeva, más parecida a la que hoy existe en naciones como Japón o Italia, por citar sólo dos casos.
 
 
Cuando se analiza esa tendencia demográfica, siempre salta a la mesa el complejo tema del retiro.
 
 
La necesidad de incrementar los años activos de trabajo en la mayor parte de los países dejó de ser una opción de política para convertirse en una necesidad aritmética.
 
 
La mayoría de los sistemas tradicionales de pensiones se gestaron cuando la esperanza de vida al nacer estaba en menos de 70 años, poco más o menos.
 
 
Es decir, tras el retiro había que financiar una sobrevida menor a 5 años.
 
 
Y, además, la fecundidad promedio por mujer era de 4 hijos o más.
 
 
Es decir, se tenía que pagar por poco tiempo un monto que se repartía entre muchos jóvenes que estaban ingresando a la edad laboral.
 
 
Hoy tenemos las condiciones opuestas.
 
 
Hay un periodo de sobrevida que es cada vez más largo. Imagine por un momento que la edad de jubilación a los 65 años prevaleciera hasta la mitad de este siglo. El periodo para financiar el retiro sería en promedio de 25 años en el caso de las mujeres, 20 más que hace un par de décadas.
 
 
Pero el agravante es que además, el número de personas en actividad que soportan la carga financiera de este grupo es cada vez menor, pues la tasa de fecundidad hoy es de menos de 2 hijos por mujer.
 
 
Por si algo faltara, hay otro agravante. Los patrones de enfermedad también están cambiando y si me permite la expresión, será mucho más caro morirse.
 
 
Hace dos o tres décadas, todavía una buena cantidad de fallecimientos en México provenía de enfermedades infecciosas. Hoy, dominan las enfermedades crónico-degenerativas, cuyo tratamiento por su naturaleza es más caro y prolongado.
 
 
Las tres principales causas de muerte entre mayores de 65 años en México son enfermedades cardiovasculares, diabetes y cáncer.
 
 
En la medida que la población se haga longeva, la incidencia de estos padecimientos será aún mayor, y por lo tanto el gasto en salud, pública y privada, deberá ser más elevado.
 
 
Esta problemática requiere de esfuerzos mucho más vastos y profundos. Son muy buenas las campañas como la que actualmente se ha lanzado: “chécate, mídete, muévete”, pero en realidad, lo que necesitamos es un verdadero cambio cultural y social que implique al menos tres elementos.
 
 
1- Se requiere alargar la vida laboral. Es mucho más urgente en los sistemas de pensiones en los que aún es posible el retiro sólo con base a años trabajados pues hay lugares en los que se da antes de los 60 años, como en diversos ámbitos del sector público.  Pero aun los 65 años ya se quedan cortos. Tendremos que movernos hacia un retiro a los 70 años en las próximas décadas.
 
 
2- Sin embargo, eso no será posible si no existe una cultura que permita la ocupación regular y generalizada de las personas mayores. El cambio de visión debe provenir de parte de ellas y de los empleadores.
 
 
3- No será posible este cambio cultural si no existe un mayor periodo de vida con salud. Si a los 65 años tenemos padecimientos incapacitantes, va a ser muy difícil que haya condiciones para alargar la vida laboral. Eso requiere cambios de estilo de vida entre quienes hoy tienen de 30 a 50 años.
 
 
Más vale que ya nos ocupemos de ello.
 
 
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