Opinión

Neta de la deuda municipal

En endeudamiento de los municipios, al igual que el de las entidades federativas (EF) tiene un origen bipolar, por un lado en cuestiones objetivas, como la insuficiencia de sus ingresos, el deterioro real de sus participaciones, y el peso presupuestario de sus aportaciones para tener recursos federales, pero también por la desatención de sus responsabilidades en materia tributaria -como es el caso del predial-, que cuando comparamos respecto a otros países incluso de América Latina, vemos que es penoso su nivel recaudatorio, el cual no llega ni al 0.1 por ciento del PIB, excluyendo al DF, mientras que en Chile es el 0.6 por ciento.

Lo mismo sucede con el gasto público municipal: opacidad, incumplimiento de las normas en materia de gasto federalizado condicionado, falta en el pago de sus impuestos, deficiente rendición de cuentas y en muchos casos, corrupción.

La mayoría, salvo honrosas excepciones, apuestan más a la gestión de recursos federales, que a cobrar impuestos –porque afirman tiene costo político- o fortalecer sus administraciones públicas. Les gusta más lo que alguien llamó, “el padrotismo fiscal”. Repito, salvo contadas y notables excepciones. No les interesa el desarrollo institucional y su control interno es precario, o no existe.

Al igual que la deuda de las EF, la de los municipios se ha incrementado notablemente desde 2009, aunque no constituye un peligro para las finanzas nacionales, sí impacta a las haciendas públicas de los municipios endeudados.

Hoy, la deuda municipal representa alrededor del 10 por ciento de la deuda total de estados y municipios, asciende a 46.5 miles de millones de pesos y está concentrada en unos pocos. 25 de los 2 mil 445 que hay en el país concentran más de la mitad de los pasivos, mientras que mil 800 no tienen un peso de deuda, reflejo también de la estructura municipal a nivel poblacional.