Opinión

Neocaudillismo en América Latina

Este domingo se celebraron elecciones presidenciales en Colombia. Como se pronosticaba, habrá una segunda vuelta el 15 de junio entre el actual presidente Juan Manuel Santos y Óscar Iván Zuluaga, el candidato apoyado por el exmandatario Álvaro Uribe, quien quedó en primer lugar con 29.2 por ciento, seguido de Santos con 25.5 por ciento de los votos.

Aunque Colombia es una democracia que ha resistido los embates populistas de la región y celebrado elecciones periódicas, el expresidente Uribe intenta construir una especie de neocaudillismo en ese país. A pesar de que impulsó a Santos como su sucesor, debido a diferencias políticas respecto al manejo del conflicto armado con la guerrilla, el expresidente ahora respalda la candidatura de Zuluaga, quien fuera ministro de Hacienda durante su gestión.

El llamado neocaudillismo es el intento de perpetuarse en el poder a través de la manipulación de las constituciones, de las reglas del juego y de parientes, amigos y aliados. La historia es conocida. Presidentes electos de manera democrática, una vez en el poder, modifican la Constitución para prolongar su estadía o estimular que parientes compitan por el mismo cargo y mantener el negocio en familia. Hugo Chávez en Venezuela y Evo Morales en Bolivia son dos ejemplos de cambios a la Constitución para beneficio propio.

Álvaro Uribe fue reelecto en 2006 para un segundo periodo en Colombia, una vez que la Constitución se había modificado para ese fin, pero en 2009 quiso hacer un referéndum para modificar una vez más el marco jurídico y reelegirse por segunda ocasión. Aunque la Corte anuló el ejercicio, Uribe ha regresado a la política, primero como senador electo hace dos meses (en marzo de 2014) a través de un nuevo partido, Centro Democrático, y ahora con el apoyo al principal opositor del mandatario en funciones que busca la reelección.

En Nicaragua, el presidente Daniel Ortega, quien ya había sido presidente en dos periodos (1984-1990 y 2007-2011), consiguió en 2011 ser reelecto de forma consecutiva después de que la Corte le diera luz verde. No satisfecho, en noviembre de 2013 envió a la Asamblea Nacional una propuesta de reforma a la Constitución para eliminar los candados que limitaban la posibilidad de ser presidente a quien hubiera ejercido el cargo en dos ocasiones y que prohibían la reelección consecutiva. A principios de 2014 el órgano legislativo aprobó las reformas que abren la posibilidad al presidente nicaragüense de aspirar por la reelección indefinida, además de poder ser elegido con el mínimo de votos (se elimina la segunda vuelta electoral).

En Panamá, la reciente elección presidencial se caracterizó por un alto grado de intervencionismo por parte del presidente Ricardo Martinelli, quien quiso modificar la Constitución para reelegirse. Al no lograrlo, su esposa, Marta Linares, fue la candidata a vicepresidente por el gobernante partido Cambio Democrático (CD). Afortunadamente, ganó la alianza de los partidos Panameñista y Popular, pero cerca estuvo la esposa de mantener el negocio de la presidencia en familia. Y la lista de casos de neocaudillismo incluye también a Argentina, Guatemala y Ecuador, entre otros.

La democracia electoral no sólo requiere la celebración de elecciones periódicas, sino además la rotación de las élites como condición necesaria para mantener equilibrios intertemporales y evitar la concentración del poder. Cuando un gobernante cambia las leyes para beneficio propio y ser reelegible, o bien, cuando abusa del marco legal para apoyar a parientes o amigos, se atenta contra el principio de imparcialidad y de certeza legal.

Hasta ahora México parece un buen ejemplo de vida institucional que no ha tenido fenómenos neocaudillistas, a pesar de que durante el gobierno de Carlos Salinas se especuló que buscaría cambiar la Constitución para reelegisrse. Luego, durante el gobierno de Vicente Fox se replegó la presunta intención de Martha Fox de ser candidata del PAN.

Ojalá México siga siendo ejemplo en la región. En este tema, nuestra democracia funciona bien (aunque hay alertas como fue el caso de Coahuila).