Opinión

Negociando con rudos

 
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Deterioro. El 63 por ciento de los consultados cree que la relación entre el presidente Enrique Peña Nieto y Trump será mala.

Adiós a la diplomacia. Abran la puerta a las negociaciones basadas en la teoría de Charles Darwin: los más fuertes, agresivos y listos sobrevivirán.

La pregunta es quién será el negociador mexicano ante este nuevo mundo de negociadores neandertales.

Por décadas la política exterior de Estados Unidos estaba basada en promover alianzas estratégicas para fomentar principios de libre comercio y seguridad. Esto implicaba que forzosamente los negociadores estadounidenses tomaran un tono mucho más conciliador, creando acuerdos para desarrollar reglas multilaterales que facilitaran y le dieran estabilidad al comercio entre países y mecanismos de apoyo a otras naciones para enfrentar grandes amenazas a los intereses de Estados Unidos. Un tono de negociación incluyente y diplomático con una disposición de aceptar concesiones y sacrificios por parte de Estados Unidos.

O por lo menos eso piensa Donald Trump y sus seguidores, que a pesar de que la economía de Estados Unidos ha tenido una recuperación, débil, pero estable, técnicamente no hay desempleo en ese país con capacidad bélica nunca visto en la historia del mundo. Sus seguidores fueron seducidos por el lema de Lets make America great again. Un lema que refleja la idea de que Estados Unidos se debilitó por las concesiones para participar en este esquema globalizado de los mercados y la seguridad. Por más que los expertos lanzaron datos duros durante el proceso electoral, ganó el encanto del populismo prometiendo que el caudillo puede resolver todos sus problemas pateando y amenazando.

Hay muchas interrogantes sobre cómo será la presidencia de Trump y cuántas de sus promesas de campaña buscará cumplir, por más. Lo que sí conocemos es su estilo de negociación gracias a sus libros, sus programas de televisión y su campaña a la presidencia de Estados Unidos. Sus negociadores serán groseros, amenazantes, lanzarán propuestas sobre la mesa fuera de contexto, se levantarán de la mesa, asegurarán que no impactará a Estados Unidos no llegar a un acuerdo, regresarán a la mesa de negociación amenazando, filtrarán información para debilitar políticamente a sus contrapartes, mentirán, volverán a levantarse de la mesa llegando a un acuerdo en principio, filtrarán un borrador que no refleje lo que se signó horas antes de que firmen el acuerdo los presidentes.

Ante esta realidad, lo que se necesita es una posición coordinada y acordada antes de empezar y negociadores con muchísima experiencia y estómago para enfrentar lo que será planteado dentro de un contexto político difícil y que podría tener un enorme impacto hacia el futuro.

Este es un problema no sólo de México, sino de la mayoría de los países europeos, China y hasta Rusia.

Y en el caso de México, lo que no hay en este momento es un consenso nacional de cuál debería ser la posición del país y los que deberían de manejar la negociación o no tienen experiencia o intereses políticos de 2018 que afectaran su capacidad de maniobrar.

Hasta ahora, la respuesta de México ha sido confusa, difusa y mal planteada. La única reacción seria, pero que tendrá poco impacto, son los puntos que publicó Relaciones Exteriores para proteger a los mexicanos en Estados Unidos ante la eventualidad de una deportación masiva. Parecería que el gobierno de México está cometiendo el mismo error que otros países al asumir que Donald Trump no podrá cumplir con las promesas de campaña. Este espasmo, por la inexperiencia de muchos de los actores, se complica más por la guerra intestina de quién debe y puede liderar la posición del gobierno.

Por ejemplo, el gobierno chino levantó la mano literalmente horas después de que Donald Trump anunciara que se retira EU del TPP, vitando a los otros países a negociar con ella un tratado similar.

Y es que el proceso electoral de 2018 ya llegó para quedarse, afectando la capacidad de reacción del presidente Peña. Por ejemplo, legisladores panistas declararon que ellos están buscando acercamientos con legisladores estadounidenses. Más allá de lo que sea bueno o malo para México, pareciera que imperan los intereses y el futuro de aquellos que tienen ambiciones políticas, que quieren ser candidatos a presidente o buscan detener a Andrés Manuel López Obrador.

Y esto los tiene paralizados. Por qué no nombrar, desde la presidencia, un 'comisionado' (esta figura fue muy popular en esta administración) con la talla y experiencia de un Ángel Gurría que pueda desarrollar una estrategia de negociación y ser el punto de convergencia de la posición del gobierno federal, gobiernos estatales, la IP, sociedad civil, legisladores y partidos.

Porque si cada quien agarra por su ladera, no sólo se van a caer, los van a patear en la mesa de negociación. El mejor negociador es el que sabe lo que quiere y como lo quiere. El presidente no sabe ni quiere en este momento.

Twitter: @Amsalazar

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