Opinión

Nadie detendrá a Abascal y a Panadero


 
Pregunté la semana pasada a Salvador Abascal y a Luis López Panadero,  qué reacción tendrían si alguna gran corporación europea o estadounidense llegara de pronto a querer comprar su empresa, Alta Inversiones; si les hicieran una oferta repentina para adquirirla por completo. ¿La venderían? “No”, atajó Luis, mientras Salvador dijo que encontrarían “la manera” de aliarse con dicha corporación.
 
La verdad no veo cómo no se aproximan muchas corporaciones a querer comprar Alta. Es una de las pocas empresas que halló la solución a una ecuación retadora: servir al segmento denominado de “base de la pirámide” y entregar los rendimientos a una multiplicidad de socios que invierten al alimón de los fundadores. Alta tiene cuatro divisiones: telefonía (teléfonos de monedas y virtuales), servicios financieros, cadena de tiendas de conveniencia (Mambo) e inversiones.
 
Quienes han puesto su dinero para que Alta Inversiones crezca no son sólo Luis y Salvador. Son miles de personas que obtienen rendimientos jugosos. Por ejemplo, si alguien entró con ellos al negocio de telefonía pública, ha obtenido un rendimiento anual recientemente de 16.3 por ciento. Su división de servicios financieros entrega un rendimiento todavía mayor: 18.2 por ciento. Eso es el doble o el triple de lo que entregan varios fondos de inversión y seis veces más del rendimiento que uno obtiene en una cuenta bancaria. ¿A dónde se va el dinero invertido? A proveer microcréditos a través de una Sofipo.
 
Salvador y Luis dicen que su empresa ya es de las 500 más grandes del país, y visualizan que alguna de sus divisiones de negocio cotice en bolsa en los siguientes dos años, ya sea con una emisión de deuda o de capital. Asimismo, ya cocinan tres negocios nuevos que veremos brillar a partir de 2014.
 
¿Cuál es la fórmula del éxito de Alta Inversiones? ¿Por qué crece como la espuma? En sus palabras: porque su mercado meta no guarda una alta correlación con las variables macroeconómicas. Es decir, en México todavía hay 60 millones de pobres que querrán hacer llamadas telefónicas desde casetas en las que depositan monedas y solicitar microcréditos —aunque sea pagando una tasa de interés elevada—, independientemente de lo que ocurra con el PIB.
 
Twitter: @SOYCarlosMota