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Muy malas noticias

 
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De acuerdo a las últimas encuestas nacionales de intención de voto, Donald Trump tiene posibilidades reales de ganar la presidencia de Estados Unidos. De acuerdo al New York Times (NYT), Hillary Clinton lleva una ventaja promedio de menos de un punto porcentual sobre Donald Trump. Pero esta brecha se ha ido cerrando hasta alcanzar niveles alarmantes. Apenas ayer, varias encuestadoras importantes (CNN y CBS) ponían a Trump a la cabeza. El controvertido cineasta Michael Moore, muy a su pesar, asegura que después de noviembre estaremos refiriéndonos al magnate como “presidente Trump”.

Un modelo publicado por FiveThirtyEight –que calcula la probabilidad de victoria de ambos candidatos basándose en encuestas a nivel estatal– muestra que si hoy fueran las elecciones Trump tendría una ventaja de 1.2 por ciento. Hace exactamente un mes, el 26 de junio, Clinton tenía seis puntos más de probabilidades de victoria. No obstante, el modelo del NYT anticipa que a pesar de lo cerrado de la contienda, Clinton tiene más probabilidades de ganar con una ventaja de 36 puntos; sin embargo, perdió ocho puntos en la última semana.

Esto en parte puede ser explicado por el efecto de la Convención Nacional Republicana. A pesar de que aparentemente fue un caos y de que se mostró un partido profundamente dividido, Trump salió a la cabeza. Solamente uno de sus 12 contrincantes en la elección primaria, Ted Cruz, no le dio su respaldo públicamente y pidió que la gente votara “de acuerdo a su conciencia”. Otros como el gobernador de New Jersey, Chris Christie y el Dr. Ben Carson no solamente le dieron su apoyo, sino que encendieron el clamor del público cuando pidieron que Clinton fuera encarcelada (“Lock her up”, un cántico retomado ayer cuando Sanders pidió a sus seguidores apoyarla). Uno de sus asesores, Al Baldasaro, incluso dijo que debería de ser “puesta en la línea de fuego y ejecutada por traición”.

Ayer inició la Convención Nacional Demócrata en medio de un clima complicado. El viernes pasado, WikiLeaks filtró 20 mil correos electrónicos que llevaron a la renuncia de quien encabezaba el Comité Nacional Demócrata, máximo órgano del partido, Debbie Wasserman Schultz, por presuntos intentos de dañar a Bernie Sanders durante los meses de las primarias, explotando sus creencias religiosas.

La campaña de Clinton condenó el contenido de los correos filtrados: “Es muy penoso que alguien contemple usar la religión de otro como tema en una campaña […] es completamente inaceptable y va en contra de los valores de los votantes demócratas”. Pero la dimisión de Wasserman se da en el peor momento para Clinton.

Estos hechos dañan la escasa confianza de Clinton entre los votantes.

Según encuesta de New York Times/CBS, la desconfianza hacia ella ronda 54 por ciento, sólo superada por la de Trump que llega a dos terceras partes de los votantes. Ayer Bernie Sanders, cuya base de votantes independientes y millennials es esencial para que Clinton gane la presidencia, dijo que “tenemos que elegir a Hillary Clinton y Tim Kaine […]. Trump es un bully y un demagogo […]. Trump es un peligro para el futuro de nuestro país y tiene que ser derrotado. Y voy a hacer todo lo posible para ver que es derrotado”.

Cuando se revisa la lista de oradores de la convención de esta semana sorprende el talento y el tamaño de quienes darán su apoyo a Clinton: el primer caballero Bill, la primera hija, Chelsea, el presidente Obama y su vicepresidente Joe Biden.

Cuando se le compara con la batería de oradores la semana pasada
–Melania, Ivanka, Tiffany y Donald Trump Jr, por ejemplo– el contraste es enorme. Y a pesar de eso, Clinton puede perder.

México debe empezar a trazar la ruta estratégica para reaccionar a una presidencia de Trump. No hay tiempo que perder. Sin duda, una de sus primeras acciones en la Casa Blanca sería intentar revertir aspectos medulares del Tratado de Libre Comercio de América del Norte e iniciar la construcción del muro con México. El artículo 2205 del tratado que Trump ha citado establece que cualquier parte puede separarse previo aviso por escrito seis meses antes. Sin embargo, no es necesario salirse de NAFTA para causar daño. A través de medidas ejecutivas, el presidente de Estados Unidos podría imponer medidas arancelarias y de otro tipo para dificultar el comercio.

Pero acaso el daño más grave ya ha ocurrido: que se haya detonado un discurso xenofóbico que no desaparecerá aun si Trump perdiese. Ese discurso que presuntamente había sucumbido frente al movimiento antisegregacionista y proderechos humanos de los años sesenta y setenta, ahí sigue más vigoroso que nunca. Trump ha sacado del clóset a los supremacistas, aislacionistas y racistas.

Y México sufrirá por ello, con o sin Trump en la Casa Blanca.

Twitter: @LCUgalde

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